jueves, 4 de junio de 2020

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Graciela Rahman. El Lugar de la Palabra

El Lugar de la Palabra
Una propuesta de metodología psicoanalítica para el análisis del discurso.*
Graciela Rahman **


     Mientras usted, Marta, corta la lechuga para las tortas que saldrá a vender, yo pienso en usted. Estoy en mi escritorio, entre papeles y libros y pienso en usted. Y en Sofía y en Sara y en Ana Lilia. Me he puesto a escribir sobre la metodología que utilizo para investigar acerca de la mujer y es entonces cuando recuerdo sus ojos, su pelo recogido con un listón, las macetas de la puerta de su casa... Pero por sobre todo, Marta, recuerdo su voz, esa voz que se parece y a la vez es distinta a la de las otras mujeres con las que he trabajado. Esa voz que he grabado, que he transcrito, que he releído tantas veces para volver a escucharla. La escucho, Marta, hable de la familia, de lo que usted quiera. Sonrío como una invitación, como para volver a decirle: la escucho. Y usted comienza, con ansiedad: "Yo digo de mi familia, pus, un poco incompleta ¿no? porque falta digamos, el papa, pero yo aquí con mi papa y mi mama hemos tenido digo, de comer no nos falta... pero en cosa de familia siempre ve usted que no faltan sus problemas, de que si educo a los niños a lo mejor ni salen bien..." Usted va tejiendo con palabras, Marta, lo que yo tendré que destejer. Imagino que tiene usted un canasto de hilos, del cual va sacando algunos, los combina, cortando aquí y allá, haciendo nudos, construyendo una trama, una textura, un texto, porque los hilos que usted teje son palabras. Por ejemplo, para empezar su historia usted tomó el hilo de la falta. Habla de lo que falta y lo que no falta. Usted no sabe bien a bien como se llama lo que falta, por eso aparece otro hilo: el digamos, como un intento de rodear el nombre de lo que falta. Yo que la escucho tampoco se a que alude usted cuando habla de falta. Solo padre rastrear el sentido que usted le da, cuando termine de hablar. Solo después, cuando el punto final resignifique lo que usted ha dicho. Por eso la escucho, para seguir sus palabras, para ver adonde la llevarían sus hilos.

¿Porque comienza su historia hablando de falta? ¿Qué es lo que falta, Marta? ¿Qué es lo que usted nombra como faltante? ¿El papa? ¿Rodolfo, el padre de sus tres hijos, que nunca ha vivido con usted? ¿Qué es lo que dice usted, Marta, cuando dice que falta el papa?

 No puede contestarme desde lo obvio, porque nada de la subjetividad humana es obvio. Me quedo mejor con el no saber, el suyo y el mío, para que mi deseo de saber realice su trabajo. Voy a jugar mi no saber en su discurso, voy a abrir mis preguntas sobre sus palabras, voy a poner a trabajar lo que usted ha dicho. Seguiré ese hilo que usted saca desde la primera frase para ver como parece a lo largo de las entrevistas. Intentare ver cuando aparece enunciada la falta, en qué, contexto, en relación a que, que venía diciendo antes y que diré después, es decir, como se encadena esta palabra con el resto de los significantes de la cadena discursiva.

     Voy a hacer un análisis de su discurso desde el tipo de escucha que propone la teoría psicoanalítica. Ese es el método que he escogido para realizar mi investigación. Pero, ¿de qué se trata esta investigación? Miro las notas que tengo sobre mi escritorio, dice: apuntar que el objetivo es explorar a través del discurso cual es la posición subjetiva del hablante y en particular la relación de la mujer con la ley. Cuando en psicoanálisis se habla de posición subjetiva se alude a la relación que un sujeto mantiene con la ley y el deseo. La ley es aquella que permitió el tránsito de la naturaleza a la cultura, la que prohíbe el incesto. Y el deseo, o sea, la otra cara de la ley... ¿qué es el deseo?

 ¿Cómo hago para decir el imposible, la búsqueda de aquello radicalmente perdido, eso que respondería la pregunta: qué quieres? o más precisamente ¿qué quiere una mujer? Esa es una pregunta vertebral del psicoanálisis que, si yo sostengo como investigadora, es porque me he apropiado de ella, la he hecho mía.

     Cuando pregunto a las mujeres, me pregunto. Voy desde mí hacia ellas y retorno como un modo de desdoblarme para poder pensar. Pensar desde el lugar del otro, desde la diferencia. Y también desde el lugar donde algo falta, desde una ausencia donde una equis puede ser trazada. Investigar... querer saber... es la fuerza que emana de las propias preguntas la que sostiene el movimiento de interrogación. Investigar acerca de la subjetividad de la mujer, querer saber acerca de su deseo y su relación con la ley, requiere de métodos idóneos para abordar ese objeto de estudio. Por eso los métodos cuantitativos no me sirven. No exploran los territorios que me preocupan. No tienen como hacerlo. Los números y las estadísticas no son arqueólogos capaces de traer a la luz la arquitectura sumergida del psiquismo. Ni el 4, ni el 6 ni el 35% pueden decir de la culpa, de los fantasmas, de la nostalgia por el paraíso perdido.

Tampoco me sirven los métodos de aquellas psicologías que postulan a la conciencia o a la conducta como su objeto de estudio. Yo parto de otro estatuto del sujeto: el sujeto del inconsciente. El inconsciente -que designa una función humana por excelencia: la función simbólica- engendra una producción poética que no puede sumarse ni restarse, no tiene peso ni medida, no saliva al sonido de una campana, no se ve bajo el lente de un microscopio. La poesía del inconsciente solo puede escucharse, porque su materialidad está hecha de significantes.

     La escucho, entonces, Marta, como si sus palabras fueran el texto de un sueño, un jeroglífico, algo que no comprendo y querré descifrar. Porque usted, Marta, y yo y todos los sujetos que hablamos, no sabemos lo que estamos diciendo. Un desconocimiento que proviene de la cualidad inconsciente del psiquismo.

     Vuelvo a mis notas, dice: señalar la relación entre el inconsciente y el lenguaje. Caramba, con esa relación que nos pone fuera de lo que siempre creíamos nuestra casa: la razón. Se ha sostenido tanto que los seres humanos somos animales racionales o, como dijo Descartes: "pienso, luego existo". Pero los vientos del descubrimiento freudiano nos arrojaron fuera de la casa de la razón, a la intemperie, a merced de las tormentas del inconsciente. Sujetos del inconsciente, no decimos solo lo que creemos decir, decimos más y otras cosas. La palabra escapa at mandato de la voluntad. De repente el discurso tropieza: decimos una palabra en vez de otra, un nombre se nos queda atorado en la punta de la lengua. El inconsciente hace su trabajo, emerge en el discurso y como un escultor subrepticio cincela en las palabras las formas del deseo.

De ese deseo que, cautivo en la represión, va abriendo boquetes por los que a veces logra fugarse. Si el inconsciente logra ser escuchado es porque está estructurado como un lenguaje. Para escucharlo es necesario quitarse los audífonos de la lógica, con ellos en los oídos solo se escucha el nivel comunicativo del lenguaje.

Dice Lacan: "Decir más de lo que se sabe, no saber lo que se dice, decir otra cosa que esa que se dice, hablar para no decir nada, no son en el campo freudiano los defectos de la lengua, que justifiquen la creación de lenguas formales. Son propiedades ineliminables y positives del acto de hablar. Psicoanálisis y lógica, la una se funda en lo que la otra elimina... mas aun: el análisis desencadena lo que la lógica domestica". Abordar el discurso desde esta perspectiva implica la crítica del concepto de signo tal como aparece en el algoritmo de Saussure significado/significante.

No hay equivalencia entre esos dos aspectos. Tal como sostiene Francois Wahl: "Al cabo de una serie de reflexiones el signo se inclina hacia el lado del significante cuya primacía se subraya".

Es el trabajo con el significante -palabra sin concepto, aspecto sensible de la palabra- lo que me permite internarme en el juego inconsciente del sentido, desamarrando a las palabras de sus significados unívocos para hacer posible el despliegue de su capacidad polisémica. El modelo de este modo de circulación del sentido, es el chiste. Dice Masotta: palabra permanece, su sentido se desliza, subrepticia y repentinamente cambia: el resultado es el chiste... Freud ye en este deslizamiento del significado el modelo de toda formación (del inconsciente)". El significado desliza su promesa entre los cuerpos significantes pero no se enlaza con ninguno en forma aislada. Buscar la significación discursiva es rastrearla en la cadena significante. Por ejemplo, Marta, usted habla muchas veces de antes y ahora: dos significantes que insisten en su discurso. Busco estas palabras como usted las ha dicho en diferentes momentos:

"... y entonces mama dame para esto y no sé que, no lo alcanzó, pus si antes costaba eso; ay pues, mama, pero mama antes, pero ahora ya no, mi mama se quedó como antes ¿no?, y luego por eso hay esas tensiones, que uno esta de malas".

"Antes estaban muy bonitas las Fuentes Brotantes, no sé si ha ido, por ahajo esta una escuela y se sigue uno caminando y hay agua y hay una presa, ya tiene años que no voy, estamos aquí y no vamos y tenia agua y esa agua viene del Ajusco y antes estaba muy bonito... dice mi mama que corría agua en las banquetas y había mucha fruta, bastante fruta que había aquí".

"Antes no faltaba la leche, la carne, o sea de lo que ahora de repente falta". "... eso es lo que mi papa quiere ¿no? así las cosas de antes, luego él se enoja, se desespera y mas que mi mama ahorita no lo puede hacer nada, se desespera ¿no? porque antes mi mama como sea la tenia siempre todo...".

Retomo sus palabras, Marta, sin respetar la puntuación gramatical ya que el inconsciente habla con leyes que no responden a esta puntuación. Usted dice: mama pero mama antes —ahora ya no— mama se queda como antes —antes estaban muy bonitas las fuentes —ahora ya no —antes no faltaba la leche —ahora de repente falta —mama ahora no le puede nada —antes mi mama la tenia.

¿Qué es antes, Marta? ¿Es un hijo que conduce a mama, a las fuentes, a la leche? El ahora se articula con falta. Ahora falta. El antes y el ahora enlazados con lo que falta y no falta. ¿Que de su deseo esta expresado en este modo de decir? Usted dice después que "hay una presa", "ya tiene años que no voy, estamos aquí y no vamos". ¿Adonde va, Marta, adonde quisiera ir? ¿Porque repite "ahora ya no", "ahora ya no"? Dice más adelante: "Ya me quede en la casa con mi mama ella se empezó a enfermar y eso, pus yo pienso que poco a poco me fui ya quedándome... o sea que por lo que mi papa se hada a un lado, no sé porque todo con mi mama todo hasta la fecha con mi mama".

Pienso, Marta, en usted, que es una mujer de 43 anos, que vende tortas a la salida de una escuela, que vive con sus tres hijos en casa de sus padres, que nunca salió de allí, con su madre enferma y su padre que se hace a un lado, con ese Rodolfo transeúnte que la embarazó y se fue. Un padre que se hace a un lado y una mama todo hasta la fecha. Antes estaban muy bonitas las fuentes... Siga hablando, Marta, yo la escucho. Escucho una mujer que habla de sí y at hablar de sí, habla de mi, habla de ellas, de la ley y el deseo en una historia singular que no sirve para ser universalizada pero que también recoge ecos de las voces de otras mujeres.

* Ponencia presentada en el 1er. Encuentro sobre Metodología de Investigación en Estudios de la Mujer: UAM-X, marzo de 1987.
• • Profesora investigadora del Departamento de Educación y Comunicación de la UAM Xochimilco (1975-1992).

martes, 2 de junio de 2020