sábado, 4 de abril de 2015

lunes, 2 de marzo de 2015

Las fantasías histéricas y su relación con la bisexualidad (1908).





Sigmund Freud / Obras Completas de Sigmund Freud. Standard Edition. Ordenamiento de James Strachey / Volumen 9 (1906-08).  Las fantasías histéricas y su relación con la bisexualidad (1908).

«Hysterische Phantasien und ihre Beziehung zur Bisexualität»    

Nota introductoria(1)

Las fantasías delirantes(2) de los paranoicos, que tienen por contenido la grandeza y los padecimientos del yo propio, y afloran en formas totalmente típicas, casi monótonas, son universalmente conocidas. Además, innumerables comunicaciones nos han familiarizado con las raras escenificaciones bajo las cuales ciertos perversos obtienen su satisfacción sexual -en la idea o en la realidad-. En cambio, a muchos puede sonarles a novedad enterarse de que formaciones psíquicas en un todo análogas se presentan de manera regular en todas las psiconeurosis, en especial la histeria, y de que en ellas -las llamadas fantasías {Phantasie} histéricas- se pueden discernir importantes nexos para la causación de los síntomas neuróticos.

Fuentes comunes y arquetipo normal de todas estas creaciones de la fantasía son los llamados sueños diurnos de los jóvenes, que ya han sido objeto de cierta atención, si bien insuficiente, en la bibliografía. (ver nota)(3) Siendo su frecuencia quizás igual en ambos sexos, parecen ser enteramente eróticos en muchachas y señoras, y en los varones, de naturaleza erótica o ambiciosa. Sin embargo, no sería lícito relegar a un segundo plano el valor del factor erótico aun en los varones; es que profundizando en sus sueños diurnos por lo común se averigua que han realizado todas esas hazañas y conseguido esos logros sólo para agradar a una mujer y para que ella los prefiera a otros hombres. (ver nota)(4) Estas fantasías son unos cumplimientos de deseo engendrados por la privación y la añoranza; llevan el nombre de «sueños diurnos» con derecho, pues proporcionan la clave para entender los sueños nocturnos, el núcleo de cuya formación no es otro que estas fantasías diurnas complicadas, desfiguradas y mal entendidas por la instancia psíquica conciente. (ver nota)(5)

Esos sueños diurnos son investidos con un interés grande, se los cultiva con esmero y las más de las veces se los reserva con vergüenza, como si pertenecieran al más íntimo patrimonio de la personalidad. Ahora bien, es fácil reconocer por la calle al que va inmerso en su sueño diurno: se sonríe de manera repentina, como ausente; conversa consigo mismo o apresura su andar hasta correr casi con lo cual marca el punto culminante de la situación ensoñada.

Todos los ataques histéricos que he podido indagar hasta ahora probaron ser unos tales sueños diurnos de involuntaria emergencia. En efecto, la observación no deja subsistir duda alguna: de estas fantasías, las hay tanto inconcientes como concientes, y tan pronto como han devenido inconcientes pueden volverse también patógenas, vale decir, expresarse en síntomas y ataques. En circunstancias propicias, empero, es posible capturar con la conciencia alguna de estas últimas. Una de mis pacientes, a quien yo había puesto sobre aviso en cuanto a sus fantasías, me refirió que cierta vez se encontró llorando por la calle y, meditando enseguida sobre el motivo, apresó la fantasía de que había entablado una relación tierna con un virtuoso pianista notorio en la ciudad (aunque no lo conocía personalmente), quien le había dado un hijo (ella no los tenía) y luego la abandonó a su suerte, dejándolos en la miseria a ella y al niño. En este pasaje de la novela le acudieron las lágrimas.

Las fantasías inconcientes pueden haberlo sido desde siempre, haberse formado en lo inconciente, o bien -caso más frecuente- fueron una vez fantasías concientes, sueños diurnos, y luego se las olvidó adrede, cayeron en lo inconciente en virtud de la «represión». En esta segunda alternativa su contenido pudo seguir siendo el mismo o experimentar variaciones, de suerte que la fantasía ahora inconciente sea un retoño de la antaño conciente. Por otra parte, la fantasía inconciente mantiene un vínculo muy importante con la vida sexual de la persona; en efecto, es idéntica a la fantasía que le sirvió para su satisfacción  sexual  durante  un  período  de  masturbación.  El  acto  masturbatorio  (en  el sentido más lato: onanista) se componía en esa época de dos fragmentos: la convocación de la fantasía y la operación activa de autosatisfacción en la cima de ella. Como es sabido, esta composición consiste en una soldadura. (ver nota)(6) Originariamente la acción era una  empresa  autoerótica  pura  destinada  a  ganar  placer  de  un  determinado  lugar  del cuerpo,   que   llamamos   erógeno.   Más   tarde   esa   acción   se   fusionó   con   una representación-deseo tomada del círculo del amor de objeto y sirvió para realizar de una manera parcial la situación en que aquella fantasía culminaba. Cuando luego la persona renuncia a esta clase de satisfacción masturbatoria y fantaseada, la fantasía misma, de conciente que era, deviene inconciente. Y si no se introduce otra modalidad de la satisfacción sexual, si la persona permanece en la abstinencia y no consigue sublimar su libido,  vale  decir,  desviar  la  excitación  sexual  hacia  una  meta  superior,  está  dada  la condición para que la fantasía inconciente se refresque, prolifere y se abra paso como síntoma patológico, al menos en una parte de su contenido, con todo el poder del ansia amorosa.

Para toda una serie de síntomas histéricos, entonces, las fantasías inconcientes son los estadios psíquicos previos más próximos. Los síntomas histéricos no son otra cosa que las fantasías inconcientes figuradas mediante «conversión», y en la medida en que son síntomas somáticos, con harta frecuencia están tomados del círculo de las mismas sensaciones sexuales e inervaciones motrices que originariamente acompañaron a la fantasía, todavía conciente en esa época. De esta manera en verdad es deshecha la deshabituación del onanismo; y la meta última de todo el proceso patológico, restablecer la satisfacción sexual en su momento primaria, si bien nunca se consuma así, es alcanzada siempre en una suerte de aproximación.

El interés de quien estudia la histeria abandona pronto los síntomas para dirigirse a las fantasías de las cuales proceden. La técnica psicoanalítica permite, primero, colegir desde los síntomas estas fantasías inconcientes y, luego, hacer que devengan concientes al enfermo.  Y  por  este  camino  se  ha  descubierto  que  el  contenido  de  las  fantasías inconcientes de los histéricos se corresponde en todos sus puntos con las situaciones de satisfacción que los perversos llevan a cabo con conciencia; y si uno es afecto a esa clase de ejemplos, no tiene más que recordar las escenificaciones a que en el teatro de la historia universal se entregaron a los césares romanos, cuya locura desde luego sólo fue posible por el ¡limitado poderío de quienes creaban tales fantasías. También las formaciones delirantes de los paranoicos son unas fantasías de esa índole, si bien han devenido concientes de manera inmediata; sus portadores son los componentes sado-masoquistas de la pulsión sexual. Y de igual modo pueden hallar sus cabales correspondientes en ciertas fantasías inconcientes de los histéricos. Por otra parte, es notorio el caso, que reviste importancia práctica, de histéricos que no expresan sus fantasías en síntomas, sino en una realización conciente, y así fingen y ponen en escena atentados, maltratos, agresiones sexuales.

Todo cuanto puede averiguarse acerca de la sexualidad de los psiconeuróticos se obtiene por este camino de la indagación psicoanalítica, que lleva desde los llamativos síntomas hasta las fantasías inconcientes escondidas; y entre eso averiguable, también el hecho cuya comunicación pretendo situar en el primer plano de esta pequeña publicación provisional.

El nexo de las fantasías con los síntomas no es simple, sino múltiple y complejo, probablemente a consecuencia de las dificultades con que tropieza el afán de las fantasías inconcientes por procurarse una expresión. (ver nota)(7) Por regla general, o sea, dado un desarrollo completo y un prolongado lapso de permanencia en la neurosis, un síntoma no corresponde a una única fantasía inconciente, sino a una multitud de estas; por cierto que ello no de una manera arbitraria, sino dentro de una composición sujeta a leyes. Es muy posible que al comienzo del caso clínico no se encuentren desarrolladas todas esas complicaciones.

En vista de su interés general, me extralimito del tema de esta comunicación para insertar una serie de fórmulas que se empeñan en agotar progresivamente la naturaleza de los síntomas histéricos. Ellas no se contradicen entre sí, sino que corresponden en parte a versiones más completas y deslindadas, en parte a la aplicación de puntos de vista diferentes.

1.  El  síntoma  histérico  es  el  símbolo  mnémico(8)  de  ciertas  impresiones  y  vivencias
(traumáticas) eficaces.

2. El síntoma histérico es el sustituto, producido mediante «conversión», del retorno asociativo de esas vivencias traumáticas.

3. El síntoma histérico es -como lo son también otras formaciones psíquicas- expresión de un cumplimiento de deseo.

4. El síntoma histérico es la realización de una fantasía inconciente al servicio del cumplimiento de deseo.

5. El síntoma histérico sirve a la satisfacción sexual y figura una parte de la vida sexual de la persona (en correspondencia con uno de los componentes de la pulsión sexual).

6. El síntoma histérico corresponde al retorno de una modalidad de la satisfacción sexual que fue real en la vida infantil y desde entonces fue reprimida.

7.  El  síntoma  histérico  nace  como  un  compromiso  entre  dos  mociones  pulsionales  o afectivas opuestas, una de las cuales se empeña en expresar una pulsión parcial o uno de los componentes de la constitución sexual, mientras que la otra se empeña en sofocarlos. (ver nota)(9)

8. El síntoma histérico puede asumir la subrogación de diversas mociones inconcientes no sexuales, pero no puede carecer de un significado sexual.

Entre  estas  diferentes  definiciones,  es  la  séptima  la  que  expresa  de  manera  más exhaustiva la naturaleza del síntoma histérico como realización de una fantasía inconciente; y, junto con la octava, es la que aprecia de manera correcta el significado del factor sexual. Muchas de las fórmulas precedentes están contenidas en esta como estadios previos.

A consecuencia de este nexo entre síntomas y fantasías, no resulta difícil alcanzar, desde el psicoanálisis de los síntomas, la noticia sobre los componentes de la pulsión sexual que gobiernan al individuo, tal como lo expuse en mis Tres ensayos de teoría sexual [1905d]. Ahora bien, esta indagación arroja, para muchos casos, un resultado inesperado. Muestra que la resolución mediante una fantasía sexual inconciente, o mediante una serie de fantasías de las cuales una, la más sustantiva y originaria, es de naturaleza sexual, no basta respecto de numerosos casos de síntomas; para la solución de estos hacen falta dos fantasías sexuales, de las que una posee carácter masculino y femenino la otra, de suerte que una de esas fantasías corresponde a una moción homosexual. La tesis expresada en la fórmula 7 no es afectada por esta novedad; por tanto, un síntoma histérico corresponde necesariamente a un compromiso entre una moción libidinosa y una moción represora, pero además de ello puede responder a una reunión de dos fantasías libidinosas de carácter sexual contrapuesto.

Me  abstengo  de  ejemplificar  esta  tesis.  La  experiencia  me  ha  enseñado  que  análisis breves, comprimidos en un extracto, nunca pueden causar la impresión demostrativa con miras a la cual se los aduce. Y en cuanto a la comunicación de casos clínicos analizados en plenitud, debo reservarla para otro lugar.

Me conformo, pues, con enunciar la tesis y elucidar su significado:

9. Un síntoma histérico es la expresión de una fantasía sexual inconciente masculina, por una parte, y femenina, por la otra.

Señalo de manera expresa que no pretendo para esta tesis la validez universal que he reclamado para las otras fórmulas. Por lo que yo puedo ver, no se aplica ni a todos los síntomas de un caso ni a todos los casos. Por el contrario, no, es difícil pesquisar casos en que las mociones contrapuestas han hallado una expresión sintomática separada, de suerte que  los  síntomas  de  la heterosexualidad y de la  homosexualidad  pueden  dividirse  de manera tan neta como las fantasías ocultas tras ellos. No obstante, el nexo que la novena fórmula asevera es bastante frecuente y, donde se presenta, lo bastante significativo para merecer que se lo destaque en particular. A mi entender, implica el estadio más alto de complicación a que puede llegar el determinismo de un síntoma histérico, y por tanto sólo es dable encontrarlo si la neurosis ha persistido largo tiempo y se ha producido dentro de ella un gran trabajo de organización. (ver nota)(10)

El significado bisexual de síntomas histéricos, demostrable por lo menos en numerosos casos, es por cierto una prueba interesante de la aseveración, por mí sustentada, de que la disposición  bisexual  que  suponemos  en  los  seres  humanos  se  puede  discernir  con particular  nitidez en los psiconeuróticos por  medio  del  psicoanálisis.  (ver  nota)(11) Un proceso por entero análogo en este mismo campo es el que sobreviene cuando el masturbador, en sus fantasías concientes, intenta compenetrarse empáticamente tanto con el varón como con la mujer de la situación representada; también en este caso hallamos correspondientes en ciertos ataques histéricos en que la enferma juega al mismo tiempo los dos papeles de la fantasía sexual que está en la base. Por ejemplo, como en un caso observado por mí, con una mano aprieta el vestido contra el vientre (en papel de mujer), y con la otra intenta arrancarla (en papel de varón). (ver nota)(12) Esta simultaneidad contradictoria  da  razón,  en  buena  parte,  del  carácter  incomprensible  de  la  situación, empero tan plásticamente figurada en el ataque, y es por eso adecuadísima para ocultar la fantasía inconciente eficaz.

En el tratamiento psicoanalítico es muy importante estar preparados para el significado bisexual de un síntoma. Luego no hay que asombrarse ni despistarse si un síntoma permanece  en  apariencia  incólume  por  más  que  ya  se  haya  resuelto  uno  de  sus significados sexuales. Es que todavía se apoya en el significado contrapuesto, quizá no conjeturado. También puede observarse en el tratamiento de estos casos cómo el enfermo se  sirve,  en  el  curso  del  análisis  de  uno  de  los  significados  sexuales,  del  cómodo expediente de hacer continuos esguinces con sus ocurrencias pasando al campo del significado contrario como si fuera una vía contigua.



1 (James Strachey) Las fantasías histéricas y su relación con la bisexualidad (1908).
«Hysterische Phantasien und ihre Beziehung zur Bisexualität»

Ediciones en alemán
1908 Z. Sexualwiss,, 1, nº 1, enero, págs. 27-34.
1909 SKSN, 2, págs. 138-45. (1912, 2º ed.; 1921, 3º ed.)
1924 GS, 5, págs. 246-54.
1941 GW, 7, págs. 191-9.
1972 SA, 6, págs. 187-95.

Traducciones en castellano
1929 «Las fantasías histéricas y su relación con la bisexualidad». BN (17 vols.), 13, págs. 133-41.
Traducción de Luis López-Ballesteros.
1943 Igual título. EA, 13, págs. 137-45. El mismo tra ductor.
1948 Igual título. BN (2 vols.), 1, págs. 965-8. El mismo traductor.
1953 Igual título. SR, 13, págs. 108-14. El mismo tra ductor.
1967 Igual título. BN (3 vols.), 1, págs. 954-8. El mismo traductor.
1972 Igual título. BN (9 vols.), 4, págs. 1349-53. El mismo traductor.

Destinado en un principio al Jahrbuch für sexuelle Zwischenstujen, que dirigía Hirschfeld, este artículo fue luego trasladado a otra revista cuya publicación acababa de iniciarse con el mismo director.

La importancia de las fantasías como base de los síntomas histéricos ya había sido admitida por Freud alrededor de 1897, en relación con su autoanálisis. En ese momento comunicó sus hallazgos a Fliess (véanse, por ejemplo, sus cartas del 7 de julio y el 21 de setiembre de ese año (Freud, 1950a, Cartas 66 y 69), AE, 1, págs. 300-2), pero sólo los dio cabalmente a publicidad un par de años antes de escribir el presente trabajo (cf. «Mis tesis sobre el papel de la sexualidad en la etiología de las neurosis» (1906a), AE, 7, págs. 266-7 ).

Este artículo se ocupa en su parte principal de elucidar mejor la relación entre fantasías y síntomas, y a pesar del título el tema de la bisexualidad sólo emerge corno idea colateral. Puede destacarse, al pasar, que por esta época el problema de las fantasías parece haberlo ocupado mucho a Freud; también lo examina en «Sobre las teorías sexuales infantiles» (1908c), «El creador literario y el fantaseo» (1908e), «Apreciaciones generales sobre el ataque histérico» (1909a) y «La novela familiar de los neuróticos» (1909c) -trabajos todos ellos que integran el presente volumen-, así como en muchos tramos del estudio sobre Gradiva (1907a). Desde luego, gran parte del material del presente artículo ya había sido anticipado en otras obras; véase, verbigracia, el historial clínico de «Dora»

(1905e), AE, 7, págs. 42-4, y Tres ensayos de teoría sexual (1905d), AE, 7, págs. 150-1.



2 {«Wahndichtung», también invenciones» o «creaciones poéticas» delirantes.}
3 Cf. Breuer y Freud (1895), Pierre Janet (1898, l), Havelock Ellis (1899b), Freud (1900a), Pick (1896).
4 Havelock Ellis (1899b) [3º ed., 1910, págs. 185 y sigs.] es de la misma opinión.
5 Cf. La interpretación de los sueños (19001a) [AE, 5, págs. 488 y sigs. - El contenido de este párrafo fue expuesto en forma más completa en el trabajo, casi contemporáneo de este, «El creador literario y el fantaseo» (1908e)]
6 Véanse mis Tres ensayos de teoría sexual (Freud, 1905d) AE, 7, pág. 134
7 Lo mismo es válido para el nexo entre los pensamientos oníricos «latentes» y los elementos del contenido
«Manifiesto» del sueño. Véase en mi obra La interpretación de los sueños (1900a) el capítulo sobre el «trabajo del sueño».
8 Expresión extensamente empleada por Freud en Estudios sobre la histeria (1895d); la explica con cierto detalle en la primera de sus Cinco conferencias sobre psicoanálisis (1910a), AE, 11, pág. 13,
9 Freud ya había expresado esto en la primera edición de La interpretación de los sueños (1900a), AE, 5, pág.
561, y, antes aún, en una carta a Fliess del 30 de mayo de 1896 (Freud, 1950a, Carta 46), AE, 1, págs, 272-3
10 Sadger (1907), quien hace poco arribó a la tesis en cuestión a través de psicoanálisis que él mismo emprendiera, aboga sin embargo por su validez universal.
11 Cf. mis Tres ensayos (1905d) [AE, 7, p. ej., págs. 151 y 201]
12 [Este caso vuelve a mencionarse en «Apreciaciones generales sobre el ataque hisrico» (1909a)]

viernes, 23 de enero de 2015

Introducción a las nociones de "salud" y "enfermedad mental"



 Enrique   Guinsberg Blanck


El  presente  texto es una versión escrita -con  las  diferencias  inevitables  de lo  que es una  exposición   oral,  aunque se intenta  mantener  algo de su  tono coloquial-   del apoyo inicial  para  el módulo  Conflicto psíquico,   salud  mental y  sociedad   a mi  cargo  desde  hace ya muchísimos  años,   en el que  se hace una  introducción  a la problemática  conceptual  del concepto de salud  mental,  así  como  a los  sentidos  -profesionales,   institucionales,    ideológicos  y políticos-  de  su  utilización   al  servicio  del  control  social.    La  obligada brevedad  de  este  texto  acerca  de  uno  de los  aspectos    más  importantes  y polémicos  del  campo  de la   subjetividad  también  obliga  a una  extremada síntesis  acerca  de  todos  y cada  uno  de  los puntos  tratados,  por  lo que  se ofrece una  amplia bibliografía  acerca de los mismos para  que los interesa- dos puedan  profundizar  en todo lo aquí  escrito.

  Sin duda es una verdadera  paradoja acerca de la  complejidad del término "salud mental" (luego se comprenderá  el porqué de la utilización  del entrecomillado),  que en muchos  casos  los profesionales  y trabajadores  del campo psi  (psicólogos, psicoanalistas, psiquiatras,  etcétera) sean definidos  como de la "salud mental", que existan   múltiples instituciones  que también  asumen ese nombre, y que la absoluta mayoría de las personas aspiren a tener una buena "salud mental" y teman perderla. Pero a su vez es difícil o imposible definir  qué es la "salud mental", al punto que existen tantas definiciones al respecto que la convierten en una concepción vaga y poco precisa desde una perspectiva científica, confusión producida por la utilización de un término que proviene de la medicina y es transpolado  al campo psi donde su significación  es muy diferente. En  efecto, dentro del campo médico puede definirse  con bastante  certidumbre  qué  es   lo sano y qué lo enfermo  (aunque a veces de  manera  relativa  de  acuerdo  con la  edad  y otros  aspectos),  algo distinto,  como se verá, a la de nuestra  especificidad   profesional.
Por  ello no pocos integrantes  del  campo psi prefieren  eliminar  su  uso por la confusión generada  por estos términos   y por considerar  que la "salud  mental"  no existe, y utilizar,  en  su lugar,  la noción  psicoanalítica  de conflicto psíquico.  Pero  como fuera del campo psicoanalítico e  incluso dentro de  algunas  de  sus  corrientes,  el término  de  "salud  mental"  continúa  en pleno uso, es necesario esclarecer sus sentidos y significaciones tanto  para conocimiento de éstas como para  su necesaria crítica.
Por  supuesto  siempre  existieron  ideas  y posturas   acerca  de  la  "salud mental", la "locura" y las causas que las producen,  pero formuladas  desde perspectivas  filosóficas, religiosas, etcétera.[ii]    Al respecto no debe olvidarse que la  especificidad  del campo psicológico es muy reciente _¿qué son poco más   de  150 años en la historia  de la humanidad,  máxime recordando  que la   matemáticas,  la  física,  la  química,  la  medicina,  etcétera,  se  han  ido constituyendo en miles de años?-, y en este muy breve periodo sus planteos son diferentes  e incluso antagónicos  en sus  distintas  escuelas y corrientes, no   siendo  pocos  los   que  incluso  le niegan  un  estatuto  de  cientificidad  y acusan a esta disciplina  en general,  o  a algunas  de sus tendencias en particular,  de  postular  premisas  ideológicas  en  defensa  de  una  determinada concepción política, social y/o perspectiva  del hombre. Los conceptos  acerca de la  "salud mental"  se inscriben en este contexto complejo y contradictorio, y son claras  expresiones de los conflictos teóricos del campo psi y de las llamadas  ciencias  sociales en  general.
Esto  último  no sólo  por   la  indicada  discusión   acerca de las  disciplinas aciales y su nivel de "cientificidad"    sino,  y fundamentalmente,  porque las ideas acerca de la  "salud mental"  no pueden  reducirse  al campo psicológico,  por­ que forman  parte  del  campo  social en general,   como se podrá  ver a lo largo de este escrito, siendo válida la afirmación     de Guattari   de que  "el estudio de los  problemas  de la salud  mental  tendría  que  ser  parte  integrante  del conjunto  de la investigación   antropológica",[iii]    un caso tal vez máximo  de la necesidad de estudios transdisciplinario  -que  deben  ser vistos  desde la totalidad   de los factores que  lo  constituyen,  o sea más allá de las disciplinas particulares,  aunque sin  negar  el aporte de éstas-,  pudiendo  ser entendido como la síntesis más alta,  en el sentido hegeliano marxista  del término,  de todos los  aspectos   que actúan  en y sobre el  ser humano.

Los  criterios de  salud  mental

Desde  hace ya bastante  tiempo una  de las ideas  más conocidas respecto  a la  "salud  mental",  formulada  por  la  Organización   Mundial  de  la  Salud (OMS), fue  la  que la considera  "no sólo como la ausencia de enfermedad sino  como el completo  estado   de  bienestar  psíquico,  físico y social".  Un planteo  sin  dudas  muy  interesante  y valioso  al  incluir  como parte  de  la misma todos los aspectos integrantes   de la vida  humana,  sin negar  ni  olvidar  ninguno  y reconociendo  que  cualquier  perturbación  de ellos (enfermedades físicas, condiciones de pobreza y sociales, problemas  psicológicos) la afecta -y  también  por  ser un  objetivo al que  debe  aspirarse-,   pero  al mismo  tiempo total y absolutamente irreal,  utópica e  idealista que hace que nadie  pueda estar  dentro  de tales parámetros.
 
Aparte  de esta definición existen muchísimas  descripciones e ideas acerca de  "salud mental",  que en general  pueden  ubicarse  dentro  de tres  muy grandes  criterios:

 1)  Estadístico adaptativo

Se trata  de una  situación  donde  algo que fue valioso e incluso progresista en su  momento se  convierte en claro, y a veces manifiesto,  instrumento  de adaptación  y de control  social  que luego se verá.  Surgió  hace ya bastante tiempo, a fines del siglo XIX y comienzos  del XX, cuando múltiples estudios de la antropología  cultural  muestran  que diferentes  pueblos tienen culturas diferentes (en el sentido antropológico del término, es decir, formas de vida, costumbres,  etcétera),  algo nada  nuevo por  supuesto,  pero  de lo que tales investigadores   extraen  consecuencias  antes  no  consideradas   para  nuestro caso:  que  la  "salud   mental"  de  cada  marco  social  debe  ser vista  desde  la perspectiva   de  su propia  cultura  y no desde la de otras,  que en general  eran las de las sociedades   desarrolladas  y colonizadoras.   Algo  hoy tan  (supuestamente) simple fue revolucionario en su  momento al romper  con las  ideas de superioridad  de las  naciones dominantes,  que veían a los pueblos dominados  como inferiores  en todos  los sentidos,  y en  el sentido  de la  "salud mental"  como  atrasados,  débiles,  etcétera,  argumentos   que  se  añadían   a otros  que servían  para justificar  la colonización y el dominio.[iv]
Todo esto puede verse claramente  no sólo en los  discursos  del poder de tal época  (donde las ideas acerca de  "salud  mental"  no  aparecían  abierta- mente  pero  estaban  implícitas),  sino incluso  en textos académicos -en  general y psiquiátricos-   donde  sí se explicitaban  esos  conceptos con base en lo indicado (atraso, inferioridad,  etcétera) y,  por supuesto,  en una concepción racista    que   estuvo   presente    prácticamente     siempre;    no  se  crea   que   todo pertenece    a  un   pasado   remoto   y  que   ha  desaparecido,     en  al  menos   dos brillantes   textos,  de hace  apenas  40  años,  el psiquiatra   Franz   Fanon  -miembro  del  Frente   de  Liberación    Nacional   de  Argelia   en  la  lucha  por  la  independencia-   mostró,   de  manera   contundente,     cómo  algunos   de  sus  colegas franceses   tenían   tal  visión   en  sus  análisis   comparativos    entre   los  francos   y los  argelinos   al  considerar    que  el  africano   normal   es  un   "europeo   lobotomizado",   mientras   otros  escriben   en  1939 que  "ese  primitivismo    no  es  sólo una  manera   resultante   de  una  educación   especial   [sino  que]  tiene  cimientos mucho   más  profundos    y  hasta   pensamos    que   puede   tener   su  sustrato    en una  disposición   particular  de  la arquitectura,     al  menos  de  la jerarquización dinámica   de  los  centros    nerviosos".    Comentando   estas   posturas,   Fanon considera   que

El racismo vulgar,  primitivo,  simplista,  pretendía  encontrar  en lo biológico
-ya que las Escrituras  se habían revelado insuficientes-,   la base material de la doctrina.  Sería fastidioso recordar los esfuerzos emprendidos  entonces: forma comparativa  del cráneo, cantidad  y configuración  de los surcos del encéfalo, características  de las capas celulares  de la corteza,  dimensiones  de las vértebras, aspecto microscópico de la epidermis, etcétera.[v]


Destaca   cómo  hoy  mucho   de  esto  se  mantiene,   aunque   en  múltiples   casos  con  argumentos    aparentemente    más  elaborados    pero  con  la  misma   idea básica,   sea  partiendo    de  aspectos   biológicos   ("los  negros,   morenos   y  amarillos   son  inferiores",    "los  rubios   de  ojos  celestes,   superiores")    o  culturales al  destacar    aspectos   diferentes    a  los  occidentales    dominantes.     No   sólo  lo hizo  el nazismo   con  sus  aberraciones    raciales   acerca  de  la  superioridad    aria y  la  inferioridad    judía,   eslava,   gitana,   etcétera   (con  sus  profesionales    buscando  demostrarlo    científicamente    sin  nunca  lograrlo),   sino  se sigue  haciendo  -con    o  sin  argumentos,     de  manera   implícita   o  explícita-    al  considerar de manera   similar   a los pueblos  indígenas,   árabes,  orientales,   etcétera.   Ejemplos  al  respecto   llenarían   varios   volúmenes   como  éste.
Frente   a tal  situación   resulta   evidente   el  carácter   progresivo    del  criterio estadístico  al cambiar  el eje del problema  y considerar  a la "salud  mental" con base en las formas  de vida  específicas  de cada marco  social, buscan- do  entenderlas  y comprenderlas  partiendo  de  sus historias  peculiares.  De esta forma  adquiere  fundamental   importancia  el estudio  acerca de las características,  conductas,  comportamientos,   ideas,  formas  vinculares,   etcétera,  que  son  las  mayoritarias   de  una  población  -de   ahí  el  nombre  de estadístico  de este criterio- y que incluso pueden  de alguna  manera  medir- se  a  través  de  la  campana  de  Gauss,  donde  tales  posturas   mayoritarias ocupan la parte  central,  dejando  a ambos costados las minoritarias  y diferentes,  o sea, aquellas  que,  en distintos  sentidos  (religiosas,  estéticas,  culturales,  sexuales ...)  difieren  de las predominantes.  Aquellas que de acuerdo con posturas  actuales podrían  verse como parte  de una diversidad  cultural, pero  para  otros  simplemente  son raras,  extrañas,   anormales  o concepciones desvalorizantes  equivalentes.

Esto  último  ha hecho y hace que el indicado  carácter progresivo  de este criterio deje de serlo para  convertirse  en uno que apoye y fomente la adaptación  a las formas de vida  predominantes  de cada marco social -de   ahí el agregado  de este término  anexándolo  al estadístico  para  quedar  como estadístico adaptativo­,    y la posibilidad,  como ocurre  en infinidad  de casos, de persecución,  discriminación,  etcétera,  hacia quienes difieren  de las normas estadísticas mayoritarias,  con sanciones (legales, morales y de diferente tipo) que dependerán  de los grados  de tolerancia y permisividad  de cada formación  social  en general  y de  cada  uno  de  sus grupos  sociales.  Si bien  en esto se ha avanzado bastante en los últimos tiempos, al menos en el mundo occidental -hoy  se tolera y/o  acepta en grados  antes inimaginables  diferencias  religiosas,  de  preferencia  sexual,  político-sociales,   raciales,  etcétera; también  es cierto  que  en no pocos casos lo es por  el desarrollo  del  reconocimiento de tal diversidad  y no por la voluntad  de sectores que sin duda alguna  (es  el caso   de algunos  sectores religiosos, racistas, etcétera) les gustaría  regresar  a  la persecución  contra  quienes disienten  con tales mayorías (como ocurre  con  todo  tipo  de  sectores  fundamentalistas,   desde  los  que dominan  en algunos  países islámicos, judíos  ortodoxos y católicos preconciliares,   por  ejemplo,    hasta  en  el  campo  económico,  donde  las  posturas neoliberales  eliminarían  a todos los  que no aceptan la economía de mercado),  tal  como  sucedía   antes   de  manera   absolutamente    mayoritaria    y  de  lo cual  la  Santa   Inquisición    podría   ser  uno  de  los  ejemplos   paradigmáticos.

Uno   de  los  ejes  centrales   para  la  utilización    de  este  criterio   estadístico-adaptativo    es  la  noción   de  normalidad,   convertida    en  modelo   con  el  que  se miden   y  evalúan   todo  tipo  de  acciones,   comportamientos,     posturas,    etcétera.   En   efecto,   es  bastante    común   la  defensa   o justificación     de  lo  que   se piensa,   siente   o  se  hace,   señalando    que  es  "normal",   queriendo    decir   que es  lo  aceptado,    predominante,     usual   y  hecho   por   la  mayoría.   Incluso,    la generalidad   de  la  población    (incluyendo     a  los  estudiantes   que   leen   este texto)  aspira,   quiere,   desea  y  cree  ser  "normal",   es  decir,   en  lo general   no diferente   a  la  mayoría,    con  plena   conciencia    de  las  significaciones      (y  a veces  sanciones)   que  puede   implicar   no  serlo.

El  destacado   pensador   Iván  Illich,   escribe  sobre  el origen  y degeneración de  la  noción   de  normalidad:

"Norma"  en latín  significa   escuadra,     la  escuadra  del carpintero.   Hasta   los años 1830 y siguientes, la palabra inglesa   "normal"    significaba    tenerse   en ángulo recto. Pero durante  la década de los cuarenta  llegó a designar    cosas  que se ajustaban a un tipo común. En los ochenta, en Estados  Unidos  pasó a significar el estado o condición habitual,  no sólo de las cosas sino también de las personas.  Únicamente  nuestro siglo  pudo evaluar a la gente. No obstante,  en Francia,  la palabra fue transpuesta  de la  geometría  a la sociedad un siglo antes.   "Ecole  Normale"   designó   a la escuela donde  se formaban  los maestros para el imperio.  Auguste  Comte fue el primero en dar a la palabra una connotación médica alrededor  de 1840.[vi]

Pero   -y  esta   es  una   pregunta   fundamental-    ¿pueden   equipararse   los términos   salud  mental  y normalidad?,  o  en  otras   palabras   ¿ser  normal  equivale  a  ser  mentalmente  sano? En  gran   medida   sí,  de  acuerdo   con  el  criterio estadístico-adaptativo,      pero   no  de  acuerdo   con  otras   posturas.    Valga  para explicarlo   un  ejemplo   no  del  todo  correcto   pero  útil:  tener   caries   es  normal pero   de  manera   alguna  es  sano. De   la  misma   manera,   una   infinidad   de  características  psíquicas   que  son  compartidas  en  algún   momento   histórico   por gran   parte   o  toda   la  población,    no  tienen   por   qué   ser  entendidas  como "sanas"   e  incluso   dejan   de  serlo  en  otro   momento    histórico.   ¿Acaso  hace escasas  décadas   no  era  "normal"   para  las  mujeres   llegar  vírgenes   al  matrimonio  e incluso  gozar   poco  o nada  en  las  relaciones   sexuales,   y hoy  ocurre algo  muy  diferente?   Y,  aunque   ahora   cada  vez  más  extraño    ¿no  es  "sano" y  "normal"   para   los   caníbales   comer  carne   humana,   mientras  ello  horroriza  a quienes   no  lo son?   Lo  normal  es  entonces nada  más que lo  mayoritario   de una sociedad   de una  época determinada,   y  de  manera  alguna es  siempre sinónimo de  "salud mental",   y  muchas  veces es  incluso lo contrario.   Por  ello,  aunque   por supuesto    desde   una   perspectiva    crítica,   un   artículo    de  divulgación  sobre este  tema  fue  titulado   con la pregunta:   "¿Usted   quiere  ser 'normal' y 'sano'?", para   responderse   luego   de  desarrollado   el  tema   con  un   categórico    iNo! Como   fue  escrito   en  un  texto  anterior:

Es  incuestionable   que ninguna  formación social   podría funcionar  de manera adecuada    si  la  mayoría de  sus  integrantes  no aceptan una  parte importante  de sus  reglas  y premisas,  normas  comunes de pensamiento    y de comportamiento, etcétera, y a ello  conducen   todos los  procesos de socialización    y de educación de  los  colectivos  humanos que permiten  las formas de vida compartidas  y,  en general,   aceptadas  al  menos   de  manera    conciente     [...]  Pero  tal búsqueda   y necesidad   de adaptación implica   múltiples  problemas  prácticos   como teóricos:
¿Qué   tipo  de adaptación y para  qué?,  ¿Cuáles   son los  límites   de aceptación   y de rechazo  a las diferencias   y cuáles   de éstas se aceptan  y se persiguen?,     ¿Qué significan   estas interrogantes,   y sus  respuestas,  para las nociones prácticas de la  "salud mental"?   Evidentemente    todo  esto no se plantearía    para  ideas de "salud mental"   diferentes  a la del criterio  estadístico-adaptativo  -que  responden a otros parámetros-    pero son inevitables  y centrales   para éste,  máxime cuando es hegemónico.[vii]


Como   plantea   un  psiquiatra    crítico   y  alternativo:

 Una persona desviada es aquella  a la que se atribuyen  comportamientos    desviados más o menos estables y típicos, que permiten  caracterizarla   frente a su ambiente social. Dicho ambiente, en cuanto expresa unas normas que el desviado  resulta  violar,  expresa  siempre  asimismo  unas  sanciones  respecto  al desviado. Es decir, la sociedad adopta, formal o informalmente,  una serie de medidas, por lo general de tipo punitivo, que tienden a devolver al desviado al seno del comportamiento  normal,  a neutralizar  sus acciones,   o a marginarlo más o menos radicalmente  del consorcio de los individuos "normales".

 Y  luego   de  destacar    cómo  lo  desviado    depende   de  factores   sociales   e históricos,    remarca    que   "la  clase   dominante    tiende   a  imponer    a  toda   la sociedad   los  modelos   de  comportamientos     que  son  aceptables,   y  aquellos que,  por  el  contrario,    están  prohibidos,   o  sea  sometidos   a  sanción". [viii]

Debe   quedar   claro  que  todo  lo  indicado   hasta   ahora   tiene  que  ver  con lo  considerado    sano y  normal desde   la  perspectiva    de  la  adecuación    o  no a  los  comportamientos     psicosociales   dominantes,    porque   existen   psicopatologías   que   tienen   que  ver   con   otros   parámetros,   que   serán   vistas   en  el módulo[ix]     y  sobre   lo  que  algo  se  dirá   más  adelante.   Pero   esto  no  cambia nada   el   hecho   de  que  muchas   escuelas   y corrientes   del  campo   psicológico y  psicoanalítico     se  adecuan    -de    hecho,   e   incluso   explícitamente-    a  este criterio  estadístico-adaptativo,     promoviendo,   teórica  y prácticamente,   la adaptación   a  las  formas   culturales    dominantes    y,   consecuentemente,     criticando, estigmatizando todo lo que se oponga a tal idea de "salud" y "normalidad".[x]
 El espacio  de este texto  no permite  un  desarrollo  exhaustivo  al respecto, pero es importante  señalar que esto ocurre con la mayor parte de las praxis del campo psi actuales, entre ellas -aunque   no las  únicas-  el conductismo, el  psicoanálisis  del yo, la  mayor parte  del  que  defino  como psicoanálisis "domesticado" (el institucional  y ortodoxo hegemónico, aunque  a veces in- dique lo contrario),  prácticamente  la totalidad  de las ahora crecientes terapias tipo light, etcétera.[xi]
Pero  si  hay  quienes  proponen  la  adaptación  como  criterio  de  "salud mental",  también  hay otros  para  quien  tal  "normalidad"  es una  clara  ex- presión de psicopatología, designando  como normópatas  a los individuos que se "adaptan  a las normas impuestas  por la clase dominante  de su sociedad y  que jamás  adoptan  posturas  independientes  o  rebeldes  cuando  llega  el caso".[xii]


2)  Normativos

Son  aquellos que  establecen  como parámetros  de la  "salud  mental"  a de- terminados  valores  o normas,  fuera  de los cuales se encuentra  lo anormal  o patológico. Esos  valores  o normas  pueden  ser los determinados  tanto  por corrientes  sociales, filosóficas, psicológicas, etcétera,  como por marcos religiosos,  corrientes  de opinión,  etcétera,  que  los formulan  desde  una  perspectiva  teórica  o bien aplicados a sectores de la población  que los siguen y que difieren  de las mayorías que  adhieren  al criterio  estadístico-adaptativo. Como se sabe, ninguna  población es totalmente  homogénea, y dentro de  ella  conviven  diversos  sectores  con  mayores  o menores  diferencias  en algunos  sentidos:  así,  por  ejemplo,  distintos   grupos   religiosos  tienen  (o pueden  tener)  normas  internas,  formas  de vida,  costumbres,  reglas  éticas, etcétera, distintas  a las mayoritarias  y se guían  y actúan  con base en ellas, así,  lo  que  es  "normal"  estadísticamente,   no  lo  es  para  ellos,  pudiendo provocar  no pocas veces conflictos  en distinto  grado  de intensidad.

Una aclaración importante: todos los colectivos sociales actúan  con base en normas, pero mientras que las que· corresponden a los grupos  mayoritarios se definen  como parte del anterior criterio estadístico-adaptativo,  el criterio normativo   hace referencia a  aquellos sectores que  tienen  otras diferentes, sea en general o  en algunos aspectos particulares.  Es innecesario decir que ante la cada vez mayor complejidad del mundo  contemporáneo,  existe una  proliferación de  posturas  normativas,  aunque  en gran  cantidad  de  casos lo es  sólo en determinados  aspectos, como variantes particulares  en algunos campos, pero compartiéndose  en general  el criterio  estadístico-adaptativo.   Así,  también sólo como ejemplo, quienes  optan  por  una  preferencia  sexual  distinta  a la mayoritaria,  seguirán  en este aspecto las normas  de su grupo  de pertenencia sexual, pero pueden coincidir en otros terrenos con lo "normal" general. Algo  similar  puede  decirse  respecto  a diferencias-coincidencias  entre  distintos  sectores y clases sociales, diversas  zonas de un  mismo  país o incluso de una  gran  ciudad,  sectores laborales y religiosos,  etcétera.
Si  el  criterio  estadístico-adaptativo    es  clara  expresión  de  la  ideología
hegemónica de un marco social, lo mismo ocurre  con este criterio,  pero en relación  ya no  con  tal  mayoría  sino  respecto  de  diferentes  sectores  como los  indicados.  Y  con  mayor  razón  cuando  ya no  se trata  de  situaciones concretas en que se expresan valores y comportamientos de un grupo  social determinado,  sino con formulaciones teóricas acerca de lo que es la "salud mental", donde se plantea lo que el ser humano debiera ser, bordeando  las buenas  intenciones o la utopía.  Es  así que  pueden  encontrarse  centenares de ideas acerca de la "salud mental", algunas  muy genéricas como la pro- puesta en  1948 por un  Congreso de higiene mental  en Londres,  y de alguna manera  cercana  a la antes expuesta  como planteo ideal:  "La  salud mental consiste en el desarrollo óptimo de las aptitudes físicas, intelectuales y emocionales  del individuo,  en  cuanto  no  contraríe  el desarrollo  de  los otros individuos".  Como dice Caruso:

Pero tales definiciones son en primer término negativas, limitativas y además plantean cuestiones extremadamente  complicadas. Aceptando  que una sociedad sea injusta,  ¿cómo conciliar el desarrollo óptimo de los oprimidos  con el de los opresores? ¿Qué es el óptimo desarrollo de un esclavo en una sociedad esclavista? ¿De  una mujer en una sociedad patriarcal?  Lo óptimo de los opresores se puede mantener solamente  en detrimento de lo óptimo de los oprimidos y viceversa.[xiii]

 3) Evolutivo­ genético

 Este  es un  criterio  por  el cual  diferentes  escuelas y autores,  con base en sus  planteas  teóricos,  analizan ·el   desarrollo  humano  y lo que  el nombre del  criterio  señala:  la  "normalidad"  y procesos patológicos que se dan  en el mismo, considerando  que todas las personas tienen un  similar  paso por diferentes  etapas y en  edades  también  similares.   Así  como sería  absurdo esperar que un niño camine a los cinco meses, y habría preocupación si no lo hace a los 20 -lo  mismo puede decirse respecto a otros aspectos físicos-, esto también  ocurre  en torno  a conductas,  comportamientos,  aparición  de aspectos que recién lo hacen a determinadas  edades, desaparición  de otros en   un momento, etcétera.  En  esta perspectiva el término normalidad  es muy di tinto al indicado  anteriormente,  al hacer referencia a modalidades  específicas    de  la  especie   humana,    que   existen   en  ella  con  independencia     de razas,   clases,   nacionalidades,     géneros,   etcétera.
Por   ello  es  lógico  y  nada   extraño    que,  con  tal  base,   escuelas   y  autores entiendan   que  gran   parte   de  la  "salud"   y de  la  psicopatología    pueda  y deba verse  de  acuerdo   con  la  adecuación   de  los  sujetos  a fases  y etapas  con  base en  sus  premisas   teóricas.   Como   claros  ejemplos,   y por  su  importancia,    tres pueden   ser  citadas   como   las  más  conocidas:

Las   etapas   de  la  evolución   libidinal:   no  es  necesario    reiterar    la  revolución teórica   que  significaron    los  aportes   de  Freud   acerca  de  la  significación    de la  sexualidad[xiv]    y  el  descubrimiento     de  una  sexualidad    infantil   antes  desconocida,   que  se  sintetiza    en  las  etapas   de  una  evolución   libidinal   por  la  que pasan  todas  las  personas:   oral  (de  succión  y canibalística),   anal  (expulsiva   y retentiva),  fálica,   de  latencia   y genital,  con  el  Complejo   de  Edipo   y  de  castración   como  parte   de  ellas;  evolución   sobre  la  que  se apoya  la  psico(pato)logía [xv]  psicoanalítica     clásica.   En   efecto,    toda   evolución   normal   implica   el paso  por  todas   ellas,  mientras   que  las  patologías   psíquicas   se  producen   por fijaciones   y  regresiones    a  algunas    de  las  mismas,    dependiendo    de  la  etapa en  la  que  se  produzca    su  tipo  específico, [xvi]   de  manera   que  las  psicosis     se producirán        por  fijación  o regresión    a la  etapa  oral  o anal   expulsiva,    la neurosis  obsesiva  a la  anal  retentiva,   las   histerias   a la  fálica,  etcétera.   El  hecho de  que  nadie   pase  de  una  etapa  a  otra   sin  mantener   algo  de  la  precedente -Freud   lo metaforiza   diciendo   que  el proceso  de  evolución   libidinal   es como un  ejército  de  ocupación   que,  para  mantener   sus  zonas  conquistadas,    requiere  dejar   destacamentos     en  todos   los  lugares    por   los  que   pasa-,    no  sólo explica  un  poco más lo precedente  acerca  del uso  del término psico(pato)­
logía,  sino hace que el citado proceso sea  mucho más complejo[xvii].


El desarrollo cognoscitivo.  Postulado  centralmente por Piaget,  aunque también por Wallon y otros,  plantea algo similar  a lo anterior  pero respecto al desarrollo de la inteligencia, la formación de símbolos, etcétera, algo que por haberse visto  en módulos  anteriores  de la licenciatura  de psicología de la UAM-X   no requiere  detallarse  más, salvo indicar  que, como en precedente psicoanalítico,  lo  "sano"  y lo  "patológico"  respecto  a lo  que  se enuncia, dependerá del cumplimiento del paso por las sucesivas etapas y de acuerdo con las edades  correspondientes.

Evolución de conductas y comportamientos. 
 Planteado  con base sobre todo conductista,  aunque  algo similar  puede  hacerse desde  todo  marco  teórico, es lo que postula  Gessell en sus conocidos y  difundidos  textos donde describe las  conductas  "normales" y  sus características,  en las cuales aparecen y evolucionan  las  conductas  y funciones  humanas,  cuyas  anomalías  deben considerarse  patológicas.
Estos procesos, etapas, evolución, etcétera, son prototípicos de la especie humana  y por tanto  independientes  de razas,  clases, sexos, nacionalidades, etcétera,  aunque  cada  formación histórico-social  actúa  fomentando  alguna de  tales  etapas  o funciones,  lo que  produce  tanto  el que  Fromm  define como  Carácter  social[xviii]     de  una  población,  algunos  caracteres  y tendencias psíquicas   específicas,   como  las  psicopatologías     dominantes    de  una  época   (la histeria   en   la   de  Freud,    la   depresión    hoy,  etcétera).

 Desviaciones    en  el estudio    de  la  psicología y de  la  "salud  mental"
 Ya  desde    los  inicios  de   los  estudios   acerca   de   lo  que  hoy  se  conoce   como psicología   surgieron    visiones   unilaterales,    donde   se  priorizaba    el "alma",     las "fuerzas   corporales"    o  diferentes     aspectos,    dejando    de  lado    o desvalorizando  otros.   Esto,    por   desgracia,     pero   no   casualmente,       se  mantiene     incluso hoy  (aunque   no  se  le  reconozca)   en   no  pocos   casos   y desde    el imperio   de perspectivas      psicológicas      consideradas       y  autodefinidas     como   "científicas". Es   importante     conocerlas,   para   no caer  bajo sus  influencias    y,  también,    para combatirlas     por  lo  que   profesional     e  ideológicamente      significan.


Organicismo     o   Biologicismo
 Siempre    existió    la  idea  de   que,    de  manera    similar    a   lo   que    ocurre    con  las enfermedades     físicas,    las   mentales     o  psíquicas     surgen    por  deficiencias       o afecciones     en   determinados       órganos     corporales,       lo   que   posteriormente        es reforzado   por  visiones     "científicas"      cuando      se   inicia    la psiquiatría     tradicional   con  una  perspectiva     médica   que   en   lo  fundamental      se  mantiene     en  un sector    específico   de  la   misma,    aunque    no  en   todo  ese   campo.    Indudable- mente   en  múltiples    casos  no  puede   dudarse    de   la   causalidad     orgánica    de muchas     patologías    psíquicas,   como  son   los  casos  (o pueden     serlo)  de  grandes  déficits    intelectuales      (imbecilidad,      idiocia,[xix]     oligofrenias    y demencias), la Parálisis  General  Progresiva  (PGP,  con origen en una patología medular que, muchos años después, puede derivar  en una psíquica), meningitis  (por inflamación  de la meninges y sus efectos), e infinidad  de cuadros más, algo aceptado incluso por los psicoanálisis,[xx]   aunque en otros casos pueden plantearse  importantes   diferencias   con  la  psiquiatría   tradicional   y negar  tal causalidad  orgánica a psicopatologías consideradas de origen psíquico (casos de la esquizofrenia  y la depresión  entre  tantas  otras), e incluso pensar  que algunas  enfermedades  físicas (asma, cáncer, epilepsia, etcétera) pueden tener en algunos  casos una  etiología psíquica.

De  tal  punto  de  partida  a una  búsqueda  y creencia en una  causalidad
orgánica  para  toda  psico(pato)logía hubo  y hay un  solo paso  para  la  psiquiatría  tradicional,  y seguramente  un  claro ejemplo al respecto  es el  caso de la histeria,  que por creerse anteriormente  que era un  cuadro  sólo femenino  su  origen  debía  buscarse  en  un  órgano  que  no  tuviese  el  hombre: sería el útero,  de donde  deriva el nombre  de histeria.  El  campo organicista actual  por supuesto ya no es tan  burdo  ni esquemático y,  más allá de que difícilmente  haya alguien  que  en las  palabras  niegue  la existencia  de factores  psíquicos  y/o sociales en la  psico(pato)logía,  hoy utiliza  argumentos mucho más complejos y sofisticados,  que toma de un conocimiento profundo del sistema nervioso y de las neurociencias,  aunque hasta el presente no han  podido  mostrar de  manera   absoluta  e  irrefutable   que  pretenden   la causa orgánica  (al menos única) de cuadros  como la depresión, la esquizofrenia,  y tantos  otros.
El  problema de esta desviación organicista acerca de la "salud" y la "enfermedad"  mental  es doble: por un  lado terapéutica,  ya que inevitablemente (al menos en la mayoría de los casos) conduce a tratamientos  farmacológicos  -hoy  cada  vez  mayores  por  parte  de  los psiquiatras  tradicionales ante el  cada vez más alto desarrollo de los psicofármacos-,  biológicos (electroshocks  y tantos  otros) y la virtual  negación de los psicológicos;[xxi]    por  el otro  teórica, e incluso ideológica, al negar  la  incidencia de aspectos  psicológicos  y sociales en la producción  de la psico(pato )logía,  con lo que esto implica al considerarse  -algo  sin duda  no inocente, sea  o no conciente de sus  significaciones-  que toda responsabilidad   al respecto es del propio su- jeto  (específicamente de su biología) y  excluyéndose  por  tanto la psíquica  y  la social. [xxii]


Psicologismo
 Sea  por sobrecompensación respecto a lo anterior -muchas  veces la reacción contra  algo  es pasando  exageradamente  a  un  extremo  opuesto-   o  por  sí mismo, el psicologismo es lo mismo que  el  organicismo  pero  con sentido
diferente:     aquí  las  causas  de  todo son  por  factores psíquicos,   eliminándose toda responsabilidad  orgánica     o  social, con  consecuencias      también    similares     de  no quererse    ver  las   responsabilidades      de  estos  campos,    y por  tanto  quitándoles sus    influencias      sobre    lo   "sano"     y lo   "patológico".      Es   por   supuesto     una tendencia    que  puede    predominar     sólo   dentro   del  campo  psi  (sería   contradictorio     que   se  diese   en  el   médico   o  en  el   sociológico)     y de   dos   maneras:

a) viendo   toda  psico(pato)logía      sólo   desde   perspectivas      psicológicas     -desarrollo   libidinal,      resolución    del  Complejo de  Edipo,    conflictos   familiares,   etcétera.[xxiii],   sin  incluir   factores   socio históricos      (como  los que  se indicarán    más   adelante)    o  posibilidad     de  afecciones   orgánicas   causantes   o  incidentes   en  cada  problemática     concreta;
b)  transpolando      el  conocimiento    psicológico     o  psicoanalítico      al  campo social,    interpretando     aspectos     de   éste  con  herramientas     de   aquellos: aunque   como  ejemplo   extremo   siempre    se da  el  de  una   muy  conocida psicoanalista     quien  llegó   a decir   que   el capitalismo     es la  etapa   anal   de la   sociedad    proyectando    a ésta  una  realidad    válida   para   el   desarrollo psíquico   individual,    que  no tiene   por  qué  ser   equivalente     al  histórico; esto  no  es   para  nada   extraño   dentro   del   mundo  psi,   donde  se   psicologiza  incorrectamente     situaciones    que  deben  ser vistas  desde   sus   propios marcos   teóricos.

 La  lectura    de  la  profusa   bibliografía    psicológica    y psicoanalítica     muestra sin   lugar    a  dudas   la   extensión    de  esta   verdadera    patología     psicologista, aunque   muchas    veces   sin   conciencia       de  ella,  lo  que   no  quita  sus   sentidos    y significaciones.       Una   variante,   aparentemente      distinta   pero  en  el  fondo   similar,    es  en   quienes    -caso    concreto    del  actual    psicoanálisis      "lacanista"     y  afrancesado     de  moda-    tienen   en  cuenta   algunos   aspectos   sociales    y culturales aunque   abstractos,      genéricos    y nunca   concretos)    pero   sólo   en  el  plano del discurso,  cayendo luego casi siempre en la realidad  de una  postura en  definitiva  psicologista. [xxiv]
También  aquí el resultado,  intencional y conciente o no, es quitar  toda causalidad  psico(pato)lógica a la realidad  histórico-social, viendo todo como producto de situaciones individuales  singulares.  Consecuencia de esto es la búsqueda  de cambios  dentro  del propio sujeto, lo que puede en algún sentido ser válido si no se  niega, o  sea,   si  se  hacen    conscientes, las causas culturales participantes  en  la  situación  y  las  limitaciones   que  producen tales  cambios sólo personales.  Por otra parte, es evidente cómo las posturas psicologistas sirven como cobertura  para el mantenimiento  de la realidad imperante,  actuando por tanto,  como claros instrumentos  de la dominación.

Sociologismo
 Aquí   el énfasis  está colocado en los aspectos sociales, culturales,  políticos, económicos, etcétera, con reducción o negación de los  psicológicos y orgánicos.  Y  así  como los   casos  anteriores  son  expresión   sobre  todo  de  los campos  médico y psicológico-psicoanalítico,  éste lo  es del de las "ciencias" sociales  que, o bien en múltiples casos niegan o reducen  la  importancia  de una  realidad  subjetiva  que  poco conocen,   o dicen  reconocerla y  aceptarla in  realmente   hacerlo.  Es   una  tendencia  predominante  tanto  en  posturas sociológicas     tradicionales  como en el de un  "marxismo" esquemático y mecánico (de tipo  estalinista)  que reduce  todo al campo social y,  en el segundo  caso, a la lucha de  clases  y  a la importancia  de la  "estructura"   como determinante  de la "superestructura"   (ideología, subjetividad,  etcétera), por lo que poco o nada tienen en cuenta los  factores propios  de cada individuo, su marco familiar,  etcétera, y a la clara dialéctica  entre  sujeto y sociedad .
Así,   en  esta  perspectiva,  las  nociones de  "salud"  y "enfermedad"  mental siempre  estarán   determinadas   por  las  características  imperantes  en  cada marco  social,  la lucha  de  clases,   etcétera,  dando  escasa  incidencia  a los aspectos particulares  de cada persona.

          Si bien  en los últimos  tiempos  una  apreciable  cantidad  de  sociólogos, politólogos y antropólogos,  buscan  el acercamiento  y vinculación  entre  lo social-cultural  y lo subjetivo,  es aún  mucho  lo que  falta  por  hacer  sobre esto.[xxv]
Estas  desviaciones  en gran  medida  son consecuencia de las  tendencias fuertemente  disciplinarias  del conocimiento actual,  aunque se encuentran  en proceso importantes  perspectivas  inter  y transdisciplinarias  desde las cuales deben  ubicarse  los estudios   acerca de  la  "salud  mental".  Aceptando  estas búsquedas  integrativas,  aquí  se  parte  de la idea de  que el ser humano  es un ser biopsicosocial  -sin  guiones intermedios para indicar una totalidad y no una  suma  de factores- y que  por  tanto, todo conocimiento psicológico y psicoanalítico  debe  tener  en  cuenta  tal  síntesis en  todos los sentidos,  lo que  segura- mente  no  es nada  simple pero  que  debe  ser buscado  como algo  teórica y prácticamente  fundamental   e imprescindible.[xxvi]  Y  cumplirlo  realmente,  no sólo en el terreno  de las palabras.

Salud  mental  y control social
 
Otro  muy importante  aspecto  a destacar  en torno  a la problemática  acerca de las nociones de salud mental  es su utilización  al servicio del control  social, es decir, como herramientas  convalidantes con presuntos  tintes  "científicos" para todo tipo de dominación. Para  esto se utilizan  básicamente los criterios estadístico-adaptativo  y normativos  antes descritos,  de manera  que muchas de  las  conductas,   comportamientos,   ideas,  formas  de  vida,  etcétera,  que salgan  de lo aceptado,  común y normal  de un  marco social es o puede ser definido   como  "anormal",    "loco"  o  expresiones    similares   y,   por  tanto,   criticado   o  incluso   sancionado   moral   o  penalmente. Muchísimo    es  lo  que  se ha  escrito   al  respecto    acerca   de  posturas    que  se   dieron   a  lo  largo   de  la historia,    determinadas   por  el  poder   y  convalidadas    por  teorías   filosóficas, oficiales  y  las  instituciones   hegemónicas   de  cada   época  (educativas,   religiosas,   etc.),[xxvii]    pero   las  anteriores    acusaciones    de  "brujería"    y  similares,    hoy han   sido   reemplazadas      por   las  señaladas    con  base   en  la  "cientificidad"
psicológica   y  el  rol  -en   muchos   casos  reconocido   y  aceptado,   en  otros   no conciente-    de  los  profesionales,    instituciones    y  escuelas  psis.
Es  conocido   que  toda   sociedad   requiere   del  control social para   su  mantenimiento    y  reproducción,     para   lo  cual  utiliza   todas   las  instituciones    de que  dispone    y  herramientas     como  la  publicidad    y  propaganda,     difiriendo en  todo  caso  en  torno  a la  tolerancia   de  aceptación   de  las  diferencias,   grado  de libertades   permitidas,  etcétera. [xxviii]   Puede   llegarse  y se llega  a sanciones de  todo  tipo  para  los  transgresores,    pero  desde   hace  tiempo   se  prefiere   la aceptación   de las  normas  vigentes   y su  internalización    por  los  sujetos  -nunca  debe  olvidarse   la  relación   entre  sujeto y sujetación­,   donde   un  peso   significativo   lo tienen  los indicados   señalamientos   de  "anormalidad"    y "locura" acerca  de  lo  que  difiere   de  las  normas   aceptadas,  consideradas     "normales" y  “sanas".    Así,  hace  décadas   (antes   de  la  llamada   "liberación    sexual")    era común    definir   como  locas a las  mujeres  que  no   se  reprimían    en  ese  terreno, y  se  convirtió    en  ejemplo   paradigmático   que  la  última   dictadura   militar argentina    llamara   de  igual   manera   a  las  Madres    de  Plaza   de  Mayo   que pedían    por  sus   hijos   desaparecidos;[xxix]      demostrativos    casos  donde   en  pocos años    se  revirtió   la  situación,   sea  por  cambio   en  torno   a los  comportamientos sexuales de las mujeres, y en el reconocimiento  de las anteriores  locas como conciencia ética de una  nación.
Sin  duda  alguna  la crítica  más fuerte  y rigurosa  respecto  al uso de la "salud  mental" y de los profesionales psis al servicio de la dominación la hizo, en las décadas de 1960 y 1970, la incorrectamente llamada "antipsiquiatría"[xxx]-movimiento  que dentro  de nuestro  campo profesional fue el representante del espíritu  rebelde  y contestatario  de esa época, en el que  destacaron  hippies  y beatniks,   las conocidas insurrecciones  de  1968 en muchos países europeos y latinoamericanos,  el Che   Guevara  y grupos  armados,  etcétera-,[xxxi] que  tomó  como  eje de  su  teoría  y práctica  tal  uso  de marcos  teóricos  y acciones al servicio  del control  social por  parte  de psicólogos, psiquiatras, psicoanalistas,  etcétera,  que  fueron  categórica  y claramente  definidos  por dos de sus principales  representantes  como "policías de la mente"  (Ronald Laing)   y  gramscianamente    como  "funcionarios   del  consenso"   (Franco Basaglia).[xxxii]
Hoy  más que nunca,  por el incremento  cada vez mayor del control  social y de las  sutilezas  de  la  dominación  simbólica,  es necesario  y valioso volver a la bibliografía  ya clásica de esta corriente,  algo que muchos cole- gas  no  hacen  por  considerar  que  se trata  de  una  postura  superada,  por críticas respecto a algunos  de sus planteos de modificación  a las instituciones psiquiátricas,  o por algunas  expresiones que pueden verse como exageradas de algunos de sus principales exponentes. Pero más allá de todo esto, negar  el valor  y estudio  de las  indicadas  críticas  ­se   reitera   que  cada   vez más actuales­,   poco ayuda al combate a las tendencias  hegemónicas en torno al uso  de la  "salud  mental"  al servicio   del control  social, y de hecho, aunque  no sea su propósito, colabora con su mantenimiento. [xxxiii]

¿"Salud  mental"  o  conflicto  psíquico?

Ante tal polisemia, significaciones, usos y polémicas  en torno a las nociones de  "salud  mental",  el campo  psicoanalítico  no utiliza  tal  término  -puede observarse que no aparece en los principales diccionarios psicoanalíticos-, [xxxiv]llegando incluso a plantear  que "la salud mental no existe" con base en la imposibilidad de ausencia de conflictos tal como se verá en lo  que sigue.[xxxv]
Utiliza  en su  lugar  la idea  de un  conflicto  psíquico   inevitable ya que  el sujeto  humano  nunca podrá  satisfacer  todos sus deseos por ser producto  y estar inserto en una cultura  que los prohíbe, limita o condiciona, de acuerdo  con cada  momento  histórico  específico tal  como fue  indicado  páginas atrás. De  esta manera,  toda la dinámica  (en realidad  dialéctica) psíquica es un  enfrentamiento  constante  con multitud  de deseos   no posibles de  satisfacer de acuerdo con los requerimientos  de los mismos,   lo  que produce su represión como forma de preservación de la vida  social  colectiva.   El  sujeto psíquico   es  entonces    uno  inevitablemente   reprimido,   donde   la  instancia   del yo enfrenta  los deseos del ello,  pudiendo  sólo cumplirlos  de  acuerdo  con las normas culturales  imperantes  en cada momento histórico (que pueden cambiar,  como ha  ocurrido  con la  sexualidad,  por  ejemplo, pero  no  tanto,  o nada,  en  casos como el de  los deseos de  muerte,  incesto,  etcétera). Para comprender  esto debe  pensarse  en qué ocurriría  si cada sujeto obedeciese de  manera  inmediata   a todos  sus  deseos,  algo  que  impediría   toda  vida social  y  colectiva organizada.  De  esta  manera  toda cultura  es  inevitablemente represora,  aunque  en un  sentido diferente  al del uso de tal término  que se hace ante situaciones políticas, pero similar en cuanto a la imposibilidad  de satisfacción de todo lo deseado. [xxxvi]
En  esta perspectiva todos somos  inevitablemente   neuróticos,  como sinonimia de tal  conflicto  inevitable,  pero  sin que esto signifique  tener  una  neurosis específica de acuerdo con lo que se verá al estudiarse  la psicopatología específica (histeria,  neurosis obsesiva, perversiones,  psicosis). De  cualquier manera,  es importante  dejar bien claro que tampoco nadie  puede tener esa "salud mental" que plantea la ausencia de todo conflicto psíquico, social o biológico; por el contrario,  sin excepción alguna, todos tenemos, aunque sea en  un  grado  cuantitativo  y cualitativo  diferente  al de  las psicopatologías claras,  manifiestas  y categóricas  (por  ejemplo una  histeria),  una  o varias tendencias   de  ellas  (histeroide  para  seguir  con  el ejemplo anterior)  como consecuencia de la evolución libidinal  antes  indicada.  Decir  todos significa que no hay ninguna  excepción, ni profesionales psis ni  estudiantes  de psicología que, en todo caso, pueden ser (o llegar a ser) conscientes de sus problemáticas psico(pato)lógicas y de la necesidad de una  búsqueda  psicoterapéutica o psicoanalítica.[xxxvii]
En  la  obligada  brevedad  de  esta  parte  del  artículo pueden  verse  las marcadas  diferencias  entre  las conceptualizaciones  de "salud  mental" y de conflicto  psíquico,  lo que  deberá  ser  ampliado  en  el trabajo  medular.  Si bien los  docentes,  y más allá de sus  diferencias  teóricas sobre todo lo referente al conflicto  psíquico,   prefieren este término y no el de "salud mental", el  mantener este último  en el nombre del módulo,  es por lo indicado en el inicio   acerca de la existencia de tal  término  en la mayoría de las   instituciones psis,  pero también  por la necesidad de preparar  a los  alumnos  para una  lucha  teórica e ideológica respecto   a sus  sentidos  y significaciones.


Conflicto   psíquico,   "sa1ud mental"  y sociedad
 
Resulta  evidente,  por lo expuesto  anteriormente,  que todo  lo  que se produce en  la  constitución   y desarrollo   de  la  subjetividad -psicopatología    incluida-    es inseparable  de  los  procesos   sociales, culturales e   históricos.    Algo  comprendido hace ya mucho tiempo, aunque  por  "modas" intelectuales   y teóricas actuales imperantes  en nuestro actual Zeitgest (espíritu del tiempo),  cada vez más integrantes   del campo psi  lo incluyan poco,   no le otorguen  su  fundamental importancia  o sólo  lo planteen sin llevarlo a sus  últimas  consecuencias   para tales  procesos  en general  y para  la problemática de la "salud   mental"  y el conflicto psíquico en particular.  O lo  hagan en  una perspectiva   teórica  abstracta  sin  analizarlo  y precisarlo  para  las condiciones   concretas   que   se  viven,   o  sea sin  aterrizarlos  en  cada   realidad  específica.    Pero  se sabe, y los profesionales psis  no pocas  veces lo aplican a otros pero no a sí mismos, que no es  nada extraño  que se vea sólo lo que se  quiere ver, eliminando  o alejando aquello que puede inquietar:  "seguridades"  teóricas, personales o político ideológicas.  Si en  1909 Freud  consideró  que  el  psicoanálisis era  una  "peste"  por romper  con muchos de los fundamentos  teóricos de su época, hoy después de  la gran  aceptación  alcanzada  por  este  marco  teórico  en  gran  medida pagando  el  precio de su "domesticación", puede  afirmarse  que la  "peste"   es  la inclusión de los factores  socio históricos   concretos y  actuales que pueden  significar una fuerte crítica  a los fundamentos  básicos  de  nuestra  cultura y civilización.[xxxviii]
Respecto  a los vínculos  indicados  en  el  subtítulo  vale  una  pregunta
constantemente   formulada  en clases y conferencias y que,  pese al  premio ofrecido a los alumnos de darles la más alta calificación  nunca fue respondida:  que den  aunque  sea un  solo ejemplo de algún comportamiento humano (excepto los biológicos  básicos) que  no esté atravesado por  la cultura.  Y no puede ser respondida  por la simple razón  de que hasta muchas actividades  biológicas lo están  en un sujeto que está  formado por  y que vive  en una  determinada  cultura.  Por  ello, en los  citados trabajos anteriores  se ha sostenido que llegó un momento en que Freud  vio la necesidad de incluir su  proyecto teórico en un contexto más amplio, ya no limitado  al mismo sujeto y su entorno familiar  y micro social, por lo que, en este marco  de ideas, se sostiene que El  malestar  en  la  cultura[xxxix]   puede  ser entendido  como uno  de los ejes del marco  teórico  psicoanalítico.  Aunque  esto de  manera  alguna  significa  negar  todas  las  aportaciones  anteriores  (teoría de los sueños,  meta­ psicología,  etcétera)  sino  ubicar  a éstas  en  un  contexto  diferente,  lo  que puede  llegar a cambiar  de gran  manera  la  comprensión del  marco teórico psicoanalítico, permitiendo  así  la formulación   de  nuevas  y  distintas  problemáticas   que no entran  en  una  concepción  teórica  sólo familiar  o   micro social.[xl]
Recuérdese  al respecto  lo tantas  veces repetido,  como ejemplos, de que
el periodo  de tránsito  del feudalismo  al capitalismo en los países europeos centrales formó, a través del espíritu  protestante  del luteranismo  y del calvinismo, un  modelo de hombre  que posibilitó la necesaria  acumulación  de riqueza:  un  hombre  ordenado,   frugal  y  avaro  que  hoy  sería  claramente definido  como neurótico  obsesivo[xli]   (y del  que  ahora  quedan  su  conocido orden,  puntualidad   y limpieza,  pero  no la ausencia de fuerte  consumo,  lo que sería incompatible con el capitalismo desarrollado  actual);  o la histeria como principal  cuadro  diagnóstico  de  la  mujer  de  fines  del siglo XIX  e inicios del XX que, como lo demostró  Freud,  era consecuencia de la moral victoriana  dominante  en esos periodos.  Pero  así como el creador  del psicoanálisis, junto  a toda la psiquiatría  de ese tiempo, estudiaron  y buscaron la etiología  de tal  neurosis  ¿cómo no hacer  lo mismo  hoy con la presente a nuestra  época?
Porque  resulta  claro que, como ya se dijo, estos últimos no son más que
ejemplos ­tal vez  muy gráficos,  expresivos  y contundentes­ de  algo  que existe siempre  y no es  ninguna excepción: en cada  época y en cada marco social siempre se vive de una  determinada  manera de acuerdo  con las posibilidades  que  dan  las  condiciones  geográficas,   sociales,  económicas,  políticas, etcétera;   condiciones que  nunca  son estáticas y siempre se encuentran  con cambios menores y mayores de acuerdo  con las nuevas  condiciones que se han  presentando.  Se hace patente que una vida nómada  o sedentaria,  rural urbana,  mística  o atea,  etcétera,  producirán   psico(pato)logías  genéricas muy diferentes  que,  a su vez, tendrán  transformaciones  más  o menos coherentes  con  las  transformaciones   estructurales que  los  marcos  sociales realicen.

Ya fue  indicado   que  en  los  países  europeos   centrales   se  mantienen antiguas  actitudes  de limpieza y puntualidad,   pero la frugalidad  y la avaricia de las épocas de acumulación  necesarias  para  la construcción  capitalista  han  desaparecido,  en congruencia  con un  sistema social que requiere de un  alto consumo  para  mantenerse  y sobrevivir.  La  histeria  por supuesto no fue eliminada  con la desaparición  de la moral victoriana,  pero no es ya el cuadro  dominante  y han  aparecido  otro  tipo  de cuadros  de acuerdo con  la actual  "revolución sexual".[xlii]     En  otro  sentido, y respecto  a la llama­ da globalización,  esto tal vez no signifique  que desaparezcan,  al menos totalmente, los conocidos como "caracteres nacionales" o "específicos" de una cultura,  pero seguramente  que  sí sobre éstos se  producirán  múltiples y diferentes cambios al estilo de variaciones  que pueden  llegar  a cambiarlo de manera sustancial, o dejando una forma o impronta con contenidos distintos (lo que algunos  comienzan  a llamar globalización).
Por  supuesto  que  sobre esto pueden  hacerse grandes  y sustantivos  desarrollos teóricos, que la antropología  en particular  ha realizado  como parte esencial de su  actividad  (y también  diferentes  psicologías con base antropológica o clara  comprensión  de la importancia  de las culturas  en la subjetividad  y el  etnopsicoanálisis).[xliii]  Y  si tal  necesidad  ha  existido  siempre, ahora con mayor razón,  cuando  se producen  cambios en todos los sentidos ­políticos,  sociales, económicos, pero sobre todo tecnológicos y culturales­ con una  rapidez  infinitamente  mayor a la de épocas  anteriores,  y que producen importantes  y muchas  veces  sustantivos  cambios  en todos  los  aspectos  de la subjetividad  o,  si se prefiere,  en la psico(pata)logía  en el sentido antes indicado.  En  efecto, hoy las formas  de vida  dominantes,  las aspiraciones  e  ideales   del  yo   (sobre   todo  para   las  nuevas   generaciones),    las  exigencias   sociales,   el  poder   de  instituciones    sociales   antes   de  menor   peso  o inexistentes    como  los  medios   masivos   de  difusión.[xliv]    etcétera,   son  muy  diferentes   y  requieren    de  constantes   estudios   como,  por  ejemplo,   en  torno   a las  llamadas    "psicopatologías     de  fin   de  siglo"   (respecto    a  las  de  finales del  XX  y  actuales),    que  se  reconocen    como  en  muchos   sentidos   cambiantes  respecto    de  las  anteriores,    sólo  como   ejemplo:   hoy  se  perciben    a  las depresiones   como  cuadros   dominantes,    cuantitativamente     se incrementan    los narcisismos,   los  estados   fronterizos,    bulimias,   anorexias,   esquizoidías    y psicopatías,    es  difícil   encontrar   cuadros    neuróticos    en  sus  formas   clásicas, etcétera.[xlv]
En  esta  perspectiva,    puede   ser  considerado   lamentable   e incluso  cómplice  el  silencio   teórico   y práctico   profesional    respecto    a  las  condiciones    de "salud   mental"   específicas    de  cada  época,  lo  mismo   que  la  necesaria   crítica  sobre   ello.  De  la  misma   manera   que,   de  haber   existido  psis en  épocas pasadas   al surgimiento    de  estas  disciplinas,   hubiesen   debido  hacerlo  respecto  a  tiempos   antiguos:    Feudalismo    y  Edad   Media,    Renacimiento,    la  modernidad,   el "socialismo real",  etcétera  (como lo hicieron,  con o sin  con­ ciencia  de  ello y de  tal  espíritu  descriptivo  o crítico,  algunos  filósofos, sociólogos y literatos[xlvi];    hoy debiera  serlo sin excepción para  todos respecto  a lo que actualmente  acontece,   sin que esto  signifique  el abandono de las premisas teóricas  que se  sustentan   sino la adecuación de éstas a la realidad  concreta, con los   cambios y agregados  que  sean necesarios  con base en  ello. Algo que,  por  lo ya visto,  sólo se hace  en  un  mínimo  grado,  primando   una especie   de rumiación sobre problemáticas en otro lugar definidas  como "bizantinas"  en el sentido  de la preocupación  por  problemáticas menores  sin ver  las  fundamentales   o, de  acuerdo  con un  dicho  popular,  ver  el árbol sin ver el bosque.

Final   sin  terminación

Ya en el límite del espacio para este escrito, con el subtítulo  busca decirse lo  planteado  en el inicio:  se trata  sólo de un  comienzo  o introducción  a una problemática que por supuesto requiere de muchísimos más  desarrollos para  cada uno de los puntos aquí planteados. Sobre todo para  el aterrizaje concreto  de cada uno de ellos en la realidad  específica que se vive en cada situación socio histórica, que para  el caso de la neoliberal,  hoy hegemónica en la mayor parte  del mundo,  fue hecha en un libro ya citado.[xlvii]
Una  tarea  tan  difícil y compleja como fundamental  a que no puede ni debe  renunciarse.



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[ii]   Un   texto muy exhaustivo sobre  las múltiples  concepciones a lo largo de la historia es el de George Ro en, Locura y sociedad. Sociología histórica  de la enfermedad  mental,   Alianza  Editorial, Madrid,   1974.

[iii]   Félix Guattari,  "Reflexiones  sobre la terapia institucional  y los problemas de  la higiene mental en el ámbito estudiantil",  Psicoanálisis  y transversalidad, Siglo XXI  Editores,  Buenos Aires,  1976,   p. 78.

[iv]   Cualquiera   que conozca la actual   situación   mundial  puede ver cómo hoy todo esto se mantiene,  aunque  en muchos casos con justificaciones    modernas:   necesidad  de  desarrollo  y progreso, combate a la pobreza, apoyo para  un mayor nivel cultural,   etcétera.   Es  evidente que tanto gran  parte  de los pueblos como muchos de los intelectuales  orgánicos  de las  naciones dominadoras  actuales ven a las sociedades  dominadas  y pobres con perspectivas    similares   a las  de otrora.   Es innecesario  decir  que en esto Estados  Unidos  lleva la  batuta.

[v]  Franz  Fanon, Los condenados de la Tierra, FCE,  México,   1973, pp. 277 y ss.,  y en el capítulo "Racismo  y cultura"  de Por fa Revolución Africana, FCE,  México,   1975,  p. 39.

[vi] Iván Illich, Némesis médica.  La expropiación de la salud, Barral  Editores,  Barcelona,  1975, página   147.

[vii]  Enrique  Guinsberg,  La salud mental..., op.  cit.,  pp.  35-36.

[viii]  Giovanni Jervis,  Manual crítico de psiquiatría, Anagrama,  Barcelona,  2a. ed.,  1979, pp.
69-70. Seguramente   hoy puede discutirse  la cerrada  idea de "clase dominante"  y más bien hablar en plural ("clases dominantes"),  culturas  hegemónicas  (con predominio  de tales clases), etcétera.

[ix] Es importante  señalar aquí, lo planteado  siempre en mis  grupos,  de que ver psicopatología en un trimestre es simplemente  imposible,  lo que obliga a una visión harto  general  y siempre incompleta;  que todo interesado  en el tema deberá  continuar  y profundizar posteriormente:  es algo así como ver una ciudad desde un avión, cuando para conocerla es preciso recorrer  sus calles. En  prácticamente  todas las carreras  de psicología del mundo  entero,  la psicopatología  se ve en un año e incluso en más tiempo, y el hecho de que en la UAM-X no exista un área de concentración  en psicología clínica no es una justificación,  ya que el cono- cimiento de ella es imprescindible  para el campo psicosocial y el educativo. Claro que cambiar esta situación  implicaría  el aumento  de duración  de la carrera,  hoy muy corta: sólo de tres años para el campo psicológico específico.
[x]   La base conceptual  de esto puede verse en un ejemplo paradigmático,   escrito por uno de los principales teóricos del funcional-estructuralismo   sociológico en un capítulo claramente titulado:  "La conducta desviada y los mecanismos de control social", donde desde el inicio del mismo destaca que "la dimensión  desviación-conformidad   era inherente  y central a toda la concepción de la acción social y, por ende, de los sistemas sociales", existiendo  siempre una "expectativa de conformidad  con las exigencias de la pauta", y complementariamente  "implica la existencia de unos criterios comunes sobre lo que es una conducta  'aceptable' o aprobada en algún  sentido". Para  que no haya dudas refuerza  tal posición al escribir  que "a  todas luces   se aprecia que la concepción de la desviación como una perturbación del equilibrio  del sistema  interactivo  constituye  la perspectiva  más importante  en los análisis  de los sistemas sociales  ", Talcott Parsons,  El sistema social, Alianza  Editorial,  Madrid,  1982, pp.  237-305.

[xi] Véase   un desarrollo  mayor de todo esto en los libros de nota  1   y en mis artículos  "La relación hombre-cultura: eje del psicoanálisis", en la revista Subjetividad y Cultura, México, núm.  1, 1991;   disponible en www.plazayvaldes.com/sycl/, reproducido  en el Apéndice de la 2a. edición del libro Normalidad, conflicto psíquico..., op.  cit., y "Lo light, lo domesticado  y lo bizantino en nuestro mundo psi", en Subjetividad y Cultura, núm.  14, México,  2000, y reproducido en el libro La salud mental. , op.   cit.

[xii] Ignacio Dobles  Oropeza,  "Apuntes sobre psicología de la tortura",  en Ignacio Martín-
Baró (color.),  Psicología social de la guerra, UCA Editores,  San Salvador,  1990, p. 204.

[xiii] Igor Caruso, Psicoanálisis dialéctico, Paidós,   Buenos Aires,  1964,   p.  22.

[xiv] 14  Nunca  debe  olvidarse que la noción   de sexualidad tiene para Freud y el psicoanálisis   (en todas sus  corrientes)  una significación   mucho  más amplia y mayor que en su sentido común y popular.  Al respecto  véase tal  término  en Laplanche  y Pontalis,   Diccionario  de Psicoanálisis, Labor,  Barcelona,  1971   (las  ediciones   actuales son de Paidós),  p. 421.

[xv]   La forma de escribir este término es  por lo que se verá más adelante acerca de la noción de conflicto psíquico,  queriéndose  expresar  que ambos términos  -psicología   y psicopatología- e encuentran   entrelazados  de distintas  maneras  en todos  los  sujetos.

[xvi]  Esto  se verá con mucho mayor detalle en el  módulo,   pero una idea general  al respecto puede verse en la  parte  II  ("Salud,  enfermedad   y conflicto  en psicoanálisis")     de mi libro. Normalidad,  conflicto psíquico...,  op.    cit., y en el  cuadro  de la p. 180.

[xvii] Sobre   esto  véase   el  breve  artículo  de Sigmund  Freud,  "Tipos  libidinales",   en Obras completas,  tomo XXI, en la edición de Amorrortu  de Buenos Aires,  1976,   y en el III  de Biblioteca Nueva de Madrid.

[xviii]  Más   allá  de la discusión    acerca   del  marco teórico  frommiano,   su  planteo  acerca del carácter social puede verse  como un muy valioso aporte  para la comprensión    de la  importancia de los  aspectos  histórico-sociales    en la conformación del sujeto  psíquico,   que requiere   de una con-  ante elaboración    para  cada  momento   histórico   concreto.   Lo  define  como  el "núcleo esencial de la estructura  del carácter   de la  mayoría de los miembros de un grupo,  núcleo que se ha de arrollado  como  resultado  de las  experiencias    básicas  y los  modos de vida  comunes del grupo mismo", E. Fromm,  El miedo a la libertad,  Paidós,   Buenos  Aires,  1962,   p. 322,  que se  constituye al "moldear   las energías  de los individuos   de  modo  que  su conducta   no sea asiento de decisión consciente en cuanto  a seguir  o no la norma social,   sino  asunto de querer obrar   como  tiene  que  obrar,   encontrando  al  mismo   tiempo   placer en  obrar como lo requiere la  cultura.    En  otras  palabras,     canalizar  la energía    humana  a fin de que pueda seguir   funcionando la sociedad   de que se trate",   E. Fromm, Psicoanálisis de fa sociedad contemporánea,  FCE, México,    1963,   p.  72.

[xix]   Ambos términos    surgen    de  la  psiquiatría    y hacen  referencia   a profundas debilidades intelectuales     por  causas   orgánicas.    Su utilización    general   y popular  es producto   de la deformación del sentido  original,  algo muy frecuente  y que, para el campo psi también se produce en otros casos, entre ellos el de "perversión".

[xx] El uso del plural (los) y no el singular  (el,  como es usual) es porque hoy, y desde ya hace bastante  tiempo,  esta escuela  tiene una multiplicidad   de corrientes  que, aunque  con bases comunes  , pueden  tener grandes  diferencias  teóricas y prácticas  entre  sí. Claro que, y como mucha   veces ocurre  en polémicas internas,  cada una de estas  corrientes  puede llegar a considerarse  la verdadera  y negar el carácter  de psicoanálisis  a las otras.

[xxi]  Aquí es imprescindible  hacer dos aclaraciones.    Una acerca del término psiquiatra, que siempre   es un profesional  de la  medicina  dedicado  a la psiquiatría,   pero que luego puede tomar diferentes  caminos: lo es el  que se mantiene en la postura  organicista   indicada y como parte de la llamada "psiquiatría   tradicional",    pero también quienes con base en tal formación médica luego tienen una formación  psicoterapéutica  o psicoanalítica -recuérdese  que hasta hace pocos años las  instituciones    psicoanalíticas    ortodoxas  sólo aceptaban  médicos en sus seminarios,   y  por tanto,  de hecho todos los  analistas  "oficiales" eran de por sí psiquiatras-,y  por tanto, combinan de  múltiples formas aspectos médicos y psicológicos;  un claro ejemplo de esta polisemia la hizo Franco  Basaglia, uno de los líderes de la llamada  "antipsiquiatría", que rechazó  este término  porque,    decía,  siendo   psiquiatra   no podía  estar  en contra  de sí mismo,  y consideraba    seguir siéndolo   pese a las profundas  y fundamentales    críticas   que hizo a la  praxis   psiquiátrica   tradicional   (algo  de lo  cual  se verá más adelante).
La segunda  aclaración es en  torno al uso de los psicofármacos: aunque éste no es posible para los psicólogos   -legalmente y por desconocimiento  al respecto-,   es imposible  negar  su valor  cuando  se hace  en los  casos y circunstancias    adecuadas,  en muchos  casos como complemento de una psicoterapia   o psicoanálisis.     Pero esta problemática escapa al  presente texto.

[xxii] Es interesante   señalar,   aunque   sólo sea al  margen, que incluso un importante  sector  del campo psicoanalítico  puede caer en algo similar,  aunque sea  para explicar algunas  situaciones específicas  de la realidad  social  y política:  es el caso, reiterado  en esta época   por causas conocidas (los ataques   de Estados   Unidos a Afganistán    e Irak),  que las guerras  son producidas por la  pulsión  de muerte,  olvidando   o minusvalorando,   los aspectos   políticos y económicos que las  producen.

[xxiii] Como    un  ejemplo   entre   tantos   otros,    cuando    se  dice  que   la   militancia      guerrillera      del hijo del gobernador  de   un estado   en  la Argentina   de  la  década    de   1970    fue  por  un  Complejo de Edipo no resuelto.  Si bien   esto   de  manera    alguna      puede    ser  desechado,       tal   conclusión debería ser producto de un  análisis      concreto     del   caso  v no especulación       teórica    genérica,    y unida a las circunstancias históricas      específicas     que  se vivían    en  ese   momento.

[xxiv] Un desarrollo  mayor de esto se  puede observar  en mi artículo  "Lo light, lo domesticado...  ", op.  cit.

[xxv]  Éste  es uno de los aspectos centrales  de mi tesis   para  el  doctorado  en Estudios  Latinoamericanos,  "El malestar  en la cultura  en América Latina",  donde se plantea el problema y se formulan  algunos  aportes  desde un campo psicoanalítico   como respuesta.

[xxvi] En  torno  a esto es importante   señalar  que  una  de  las  trampas  de algunas  tendencias psicoanalíticas   es enfatizar  que el  objeto    de estudio  del psicoanálisis    es el inconciente,   algo incuestionablemente   válido  pero que no puede hacer olvidar  que -más  allá de que algunas corrientes  analíticas  hoy plantean   la incidencia   de la cultura  sobre tal  estrato  psíquico-,  los deseo   inconscientes  humanos  se enfrentan  a la  realidad   social   para   su  satisfacción,   negación de ésta o caminos sustitutivos  (más adelante veremos  un poco más sobre esto).

[xxvii] En esa vasta  bibliografía,  y junto  a innumerables  obras de gran valor,  se destaca la de Michel Foucault  como una totalidad,  y en particular   Historia de la locura en la época clásica, CE,  México,   2a.  ed.,   1986;  Enfermedad mental y personalidad, Paidós,  México,   1987;  Vigilar y castigar,  Siglo  XXI Editores,   México,  6a. ed.,   1981.

[xxviii]  Un desarrollo mucho  mayor sobre esto en el presente puede verse en E. Guinsberg,   Matrajt y M. Campuzano, "Subjetividad   y control social:   un tema central de hoy y siempre", revista Subjetividad y  Cultura, núm.   16,  México, 2001.

[xxix] La dictadura  militar  y sus  medios  de  prensa las definían  como las "Locas  de Plaza de mayo" porque denunciaban  lo que ellos negaban,  la detención   y desaparición   de prisioneros políticos,  algo  luego demostrado   categóricamente.


[xxx] En la nota 21 ya se explicó el porqué  de tal incorrecto  nombre.

[xxxi]   Véase un desarrollo   mayor sobre  esta época y una comparación   con la  actual  en mi ensayo "Proyectos,  subjetividades    e imaginarios  de los 60  a los 90 en Latinoamérica",  Argumentos, estudios críticos de la sociedad,  núms. 32-33,   UAM-X,   México,   1999.

[xxxii]   Una síntesis bastante  amplia  de las  posturas  generales   y diferencias   entre las  escuelas de esta corriente  puede verse en la  parte III,  "Los  planteas  críticos del  movimiento  de alter- nativas a la psiquiatría",  del libro Normalidad,    conflicto psíquico ...  ,  op.  cit., donde se encuentra una también amplia bibliografía  de sus  principales  autores.

[xxxiii] Un debate   y evaluación crítica   de varios autores sobre la  corriente  "antipsiquiátrica"    en la revista  Subjetividad   y Cultura,   núms. 22  y 23, México,  octubre    2004  y abril  2005.

[xxxiv]  Entre  ellos los de Laplanche    y Pontalis,   op.  cit., Pierre  Fedida  (Madrid,   Alianza  Editorial,   3a. ed.,   1988),   el  hecho bajo la  dirección  de Roland  Chemama  (Amorrortu, Buenos Aires,  1998),  el Diccionario  del pensamiento  kleiniano   de  R.D.  Hinshelwood   (Buenos   Aires, Amorrortu),  el Diccionario  de psicoanálisis de las configuraciones   vinculares  coordinado  por Car- los  Pachuk  y Rasia Friedler  (Buenos  Aires, Del  Candil),  como tampoco   en el "Índice  alfa- bético  por materias"   del tomo XXIV  de las Obras  completas  de Freud  de la edición   de Amorrortu  (tomada de la inglesa  Standard   Edition).

[xxxv] Aunque  este planteo   es correcto  de acuerdo   con tal perspectiva,    puede  convertirse en  peligroso si -como ocurre tantas  veces en deformaciones   y exageraciones   que se producen a partir  de premisas  válidas-,   lleva al inmovilismo    por el absurdo  de considerar    que todo es patológico y nada   puede hacerse a partir   de  que  nunca existirá   tal "salud  mental".   Algo semejante a lo  que, también  reconociéndose  de que  siempre  existirá   un malestar   en la cultura, lleva  a la no búsqueda  de cambios sociales   o culturales,   como   si todos los malestares    fuesen iguales.

[xxxvi]Una  definición   de  "salud mental"   que, de hecho,  incluye la noción   de conflicto    psíquico, es la que  formula   Vicente   Galli,   director  de Salud  Mental  de Argentina   en  1986  y que comparten  psicoanalistas    de la  Universidad    de Rosario  (Argentina):    "Un  estado de relativo equilibrio  e integración    de  los  elementos    conflictivos   constitutivos   del sujeto   de  la cultura  y de los  grupos,  con  crisis   previsibles   e imprevisibles,    registrables   subjetiva   u objetivamente, en el que  la  personas o los grupos  participan  activamente  en sus  propios cambios y en los de un entorno   ocia]",   citado  por María  T. Colovini y Analía  Ravenna,   "La  salud  mental   en la currícula   innovada",   en Madis   Chiara,   R. (Comp.), Proceso de transformación   curricular.   Otro paradigma  es posible,   Universidad   Nacional   de Rosario,   Rosario,  2005,   p.  205.

[xxxvii] 37  Dos observaciones   sobre esto: 1)  en general  toda elección de carrera,  profesión  o lo que sea, tiene  causas que la determinan:    aunque  no es algo mecánico y pueden intervenir    muchos factores, diferentes  estudios  han mostrado  que en la elección  de  psicología   y afines es fuerte el peso ­no  siempre  conciente­   de la búsqueda  de comprensión   de problemáticas   personales, familiares,  etcétera;  2)  si bien en la licenciatura    de psicología   de la UAM­X y en la casi totalidad  de las  universidades    no se pide, en la formación   psicoanalítica    se exige un análisis personal  llamado didáctico,  al considerar   tal marco teórico que se apoya en el trípode de teoría, análisis y supervisión.

[xxxviii] Todo esto está mucho  más desarrollado  en escritos ya indicados:  en el libro La salud mental en el neoliberalismo y,  entre  otros,  en los  artículos   La relación hombre-cultura: eje del psicoanálisis, Lo light, lo domesticado y  lo bizantino en nuestro mundo psi; "Los  psicoanálisis   entre comienzo  y fin de siglo:   desarrollos, críticas y perspectivas", en M.  Ortega  Soto y C.I. Valdez Vega (coord.),  Memoria del Coloquio Objetos del Conocimiento en Ciencias Humanas, México, UAM­A  y UAM­1,  2001,  etcétera. También   en "El  largo y continuo tránsito   de los  psicoanálisis de la peste a la  domesticación",    en la sección  Introducción  al Psicoanálisis   de la  página electrónica www.elsigma.com,   y en "Psicoanálisis    y sociedad en América Latina",  a publicarse en De cabeza, revista  de la Facultad  de Psicología  de la  Universidad   Autónoma del Estado de  Morelos.

[xxxix] 39 Sigmund  Freud,  "El malestar  en la cultura",  en Obras completas, Buenos  Aires,  Amorrortu  Editores,  tomo XXI;  en la clásica edición  española de Biblioteca Nueva,  Madrid,  tomo III.  Aunque  no es éste el lugar  para una discusión   al respecto,  es importante  señalar  que  de alguna manera este texto, como ningún  otro, debe ser considerado    una Biblia, porque en gran medida  Freud ve y ajusta la  cultura  a las necesidades de su marco teórico, y por todo lo que en él falta para la comprensión de la relación   entre sujeto  y sociedad.

[xl]  Como lo entendió lúcidamente Serge Moscovici, en La era de las multitudes,   FCE,   México 1985, y se cita en el artículo  "La  relación hombre cultura... ", op.  cit.

[xli] Un buen desarrollo   de tal relación   puede  verse  en Michel  Schneider,   Neurosis  y  lucha de clases, Siglo XXI Editores,  Madrid,   1979.

[xlii] H  Sobre parte de esto gira mi artículo  "Fantasías   (tal vez delirantes)  acerca de lo  que hoy diría  Freud  acerca de la  sexualidad",    en Isabel  Jáidar  Matalobos    (Comp.),   Sexualidad:   símbolos, imágenes y discursos,  UAM­X,   México,  2001.

[xliii]   Respecto  a las  visiones    antropológicas   con perspectiva    psicoanalítica    véanse los  texto de Roheim y Malinovsky  entre otros, y específicamente    para  nuestro tema a Alberto Servantie  et al.,   Lo  normal  y lo patológico  (introducción   a la antropología  psiquiátrica),    Fundamentos, Madrid,   1972.  Sobre etnopsicoanálisis,    Mario  Erdheim,  La producción  social de inconsciencia. Una introducción  al proceso etnopsicoanalítico,    Siglo XXI  Editores,   México,  2003.

[xliv]  Es  verdaderamente     lamentable   que,  por el poder   que  todavía tienen  las visiones   disciplinarias  cerradas,   el campo  psi tenga muy poco en  cuenta  el  peso actual   de los  medios,  institución   que  puede  considerarse    incluso hegemónica  y con un constante   y acelerado   crecimiento.   Su incidencia    sobre  el plano   subjetivo  es cada vez mayor y en todos los aspectos, en algunos   casos mayor al de la familia.  Véase  sobre   esto mis  aportaciones   hechas   desde   mi formación  psicoanalítica    y comunicológica:   respecto  a su  aporte a la constitución   del  sujeto psicosocial  sobre  todo el libro Control de los medios, control del hombre.  Medios masivos y formación psicosocial, la. ed.,  Nuevomar,  México,  1985;   2a.  ed., Pangea/UAM­X, México,   1988;  3a. ed.   (ampliada),   Plaza y Valdés,  México,  y una versión   para  divulgación  en la columna "Sujeto mediático"  del sitio  www.etsigma.com; en  relación   con la  institución   familiar  "Familia   y tele en la estructuración    del  sujeto   y su  realidad",   en Subjetividad y Cultura, núm. 5, México,1995 (también  en  www.plazayvaldes.com/sycl/), y "Televisión   y familia  en  la  formación    del sujeto",  en J.C. Lozano  y C.  Benassini    (eds.),  Anuario de Investigación de la Comunicación V, CONEICC/UIA,   México,  1999.

[xlv]  Entre  tantos  otros escritos sobre  esto,  Emiliano  Calende,   De un horizonte incierto. Psicoanálisis y salud mental en la sociedad actual, Paidós,  Buenos  Aires,  1997; María  Rojas  y S. Sternbach,  Entre dos siglos.  Una lectura psicoanalítica de la posmodernidad,  Editorial Lugar, Buenos  Aires,   1994; una síntesis  sobre  el problema   en María  Rojas,  "Patologías  de fin de milenio",  Subjetividad y Cultura, México, núm.  5,  1995.

[xlvi] Siempre se ha dicho,  y con toda razón, que muchísimas  veces en la literatura  se encuentran  descripciones  y formulaciones  psicológicas  que permiten  tanto  la  comprensión  de las condiciones de una época como los  de importantes  aspectos psico(pato)lógicos.   En este sentido Dostoievski es un claro y destacado  ejemplo  de ambas cosas.

[xlvii] En el libro La  salud  mental  en el neoliberalismo,   y en muchos artículos  de revistas.